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01 Feb
Buscando amor en otro
Leído 1584 veces | Publicado en Sociólogo
 
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¿Confundidos y tambaleantes por los callejones del corazón?

Hablar de la infidelidad es, sin duda, hablar no sólo de un significado denotativo de la palabra sino, descifrar los diversos significados connotativos del símbolo que ha adquirido la palabra “fidelidad” en los diferentes contextos sociales. Entendemos que la fidelidad es la lealtad y la fe que alguien debe a otra persona. No obstante, indagar sobre el “deber ser” en nuestro tiempo, es tan complejo como hablar de la naturaleza de los hombres o de la “filosofía del tocador”.

Términos como amor, fidelidad o infidelidad no son más que construcciones sociales que se han instaurado hondamente en el ethos y la cosmovisión de los individuos. A partir de esto vale cuestionarse los contextos o las situaciones en los que la infidelidad es catalogada con un sentido peyorativo que hiere, lastima y destruye las relaciones íntimas. Sabemos de cierto que no en todas las culturas es condenada la “acción” pura de tener varias compañeras o varios compañeros. La idea de una pareja única es una visión occidental que tiene la ineludible necesidad de redefinirse. La opción podría ser reconocer abiertamente la dirección con la que uno mismo quiere encaminar su vida, plantearlo de facto y buscar un compañero (o varios) con afinidades ideológicas, para así establecer desde los comienzos de la relación los principios rectores con los se guiarán. Buscar satisfacción fuera de las fronteras de ese territorio, transgredir el pacto inicial sin previo aviso, no sólo trastoca la unión con el otro, sino que acelera la decantación de las imposturas individuales.

Existen sin duda personas que buscan relaciones polígamas, pero también hay quienes prefieren las relaciones monógamas. Ambas se llevan a cabo, en principio, por la normatividad cultural, sin embargo, hemos alcanzado un momento en que cualquiera que sea el eje rector que las personas elijan, la elección se torne una convicción y no un resultado de la “naturaleza del hombre”. Ese “deber ser” tendrá que venir de las experiencias acumuladas y de la colección de principios que el individuo prefiera. Lo ideal sería que ante esto se procurara no dañar, ni perjudicar a segundos e incluso a terceros. La honestidad en primera persona es básica para mantener las relaciones con los otros.

El hecho de que en determinados contextos las personas que mantienen una relación monógama busquen sigilosamente, escondidamente a otra persona es una incógnita que tiene respuestas multifactoriales y que acarrea problemas que necesitan explicaciones y soluciones estructurales. No todas las personas se muestran infieles por las mismas razones, su biografía sin duda arrojará datos subjetivos y razones válidas aunque no justas. Si bien pueden existir motivos económicos, emocionales y pasionales, lo principal es sustraer que no hubo de antemano la confianza mínima para plantear el problema de una manera abierta y esto quizá tenga que ver con el encadenamiento del significado peyorativo de la infidelidad en un nivel más social que individual. Las cargas negativas o los tabúes son los principales enemigos de la honestidad y la confianza. Asimismo, las razones hondamente psicológicas intervienen de la misma forma en los procesos del engaño en las relaciones monógamas. El acto de corromper o transgredir, o el vicio de la mentira también influyen de manera determinante en el desarrollo de las relaciones de pareja “fallidas”.

Cabe agregar que incluso cuando una persona tiene la intención de sobrellevar una relación monógama por acuerdo mutuo y con base en el cariño, en afinidades, etc. Siempre existe la probabilidad de que el tiempo pase y las experiencias molden de manera diversa los intereses, los sentimientos, las intenciones, las preferencias, los gustos, las prioridades, etc. de los integrantes de la pareja y que, ante la falta de convicción por un principio rector o el déficit de la confianza, las “buenas intenciones” del comienzo de la relación terminen olvidadas y gastadas en los rincones de la mente o en los callejones del corazón. Es necesario también adquirir la capacidad de enfrentar las transiciones de la vida propia y luego, de la vida en pareja.

Por último, recalco, que antes que nada es necesario redefinir los conceptos tan usados y gastados de fidelidad y su íntimo antónimo, la infidelidad. La límpida honestidad para con nosotros mismo de nuestras convicciones y gustos será siempre el factor –cuasi- determinante de nuestros logros o fracasos de nuestra vida en pareja.

 


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