05 May
La infidelidad... ¿es de uno o de dos?
Escrito por Laura Torres
Leído 2386 veces | Publicado en La experiencia habla
 
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Esta pregunta tiene tantas respuestas como parejas existen, sin embargo pudiera arriesgadamente hablarse de ciertas generalidades y eso es lo que intentaré hoy.

Quisiera invitarlos a reflexionar conmigo si la infidelidad es cosa de uno o de dos, debo aclarar que este artículo es “generacional”: Me tocó vivir un cambio muy drástico a nivel sexual, de cómo fui educada (tengo 50 años) a cómo han sido educadas las amigas y novias de mis hijos. Este tema sería interesante abordarlo en otro artículo.

¿A qué me refiero? Con excepciones bien conocidas de enfermedad mental, la mayoría de las personas buscan en la infidelidad lo que no encuentran en su casa. A los hombres les encanta el sexo “atrevidón”, “cochinón”; a las mujeres nos enseñaron a ser recatadas para no demostrar que somos unas “locas” y esperamos que el encuentro sexual sea romántico, con adornitos y florecitas. Es claro que los objetivos hombre- mujer son muy diferentes en un encuentro sexual.

Al principio hay una aceptación de que el sexo no sea “cochinón” o frecuente y que la relación sexual no sea la fantasía romántica que se esperaba, pero con el tiempo la cosa cambia y surge la inquietud de comunicar lo que se quiere o se siente. De inmediato nos detenemos y pensamos: “se va a enojar”, “qué va a pensar de mí”, “por supuesto que no va a querer”, asumimos las respuestas y por miedo a comunicarnos abierta y asertivamente, se busca la satisfacción afuera de casa.

Bajo estas circunstancias, arriesgada y un poco atrevida, concluyo que la infidelidad es cosa de dos. Es falta de comunicación de los dos, de interés en agradar, es cosa de dos el mantener fresca la relación.

Me parece que por aquello de la maternidad, las mujeres estamos dotadas de mayores conexiones cerebrales útiles para la relación humana que puede utilizarlas para diseñar estrategias inteligentes de iniciativa, que la mujer se atreva a dar lo que le gusta recibir, sembrar lo que le gusta cosechar, hacer exactamente eso que se espera que el otro haga, poner el ejemplo, disfrutar poner el ejemplo; lograr identificar si está de acuerdo con sus creencias heredadas e inventar las suyas propias, más flexibles, más divertidas, más amorosas… más femeninas.

El resultado puede ser sorprendente, no se pierde nada con intentarlo. Estoy segura que en algunas parejas, si se cambia a esta dinámica, la infidelidad resultará innecesaria.


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