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28 Ene
¿Tropecé de nuevo con la misma piedra? El duelo en los procesos de pérdida amorosa
Leído 1385 veces | Publicado en Psicólogo
 
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Existen situaciones y personas en las que lejos de superarse el duelo se produce un estancamiento, acarreando sufrimiento y bloqueo en la vida cotidiana, llegando a producirse la aparición de enfermedades.

Es aquí donde las aportaciones del psicoanálisis resultan imprescindibles para la comprensión y la elaboración de duelos que se convierten en patológicos, y donde la psicoterapia es la herramienta que permite ahondar internamente para descubrir los factores y condiciones que hacen que se detenga lo que sería un proceso normal de despedida.

Por lo general estas historias comienzan por la sacudida de la sorpresa inesperada de la ruptura, se alteran los referentes de espacio-tiempo y la comprensión racional y lógica de la trayectoria vital hasta ese momento se vuelve inaccesible, el organismo entero se revela dominado por una ansiedad que busca significados más en nombre de la supervivencia que del entendimiento. En este momento podemos sentir enloquecer. ¿Qué sucede en la psique humana cuando se produce una pérdida amorosa?

• El sentimiento de frustración genera a su vez agresividad, causa fundamental del duelo. Lo que se busca es una experiencia idealizada, un estado de felicidad ideal que supuestamente otorga el objeto, empleado como un instrumento; fantasía difícilmente accesible en su totalidad porque siempre hay áreas donde no llega, generadoras por tanto de frustración.

• Ante la situación de pérdida, el organismo empieza a emitir señales de agotamiento psíquico y físico. Una personalidad equilibrada empieza a desplegar recursos, tanto de comportamiento, como psíquicos, capaces de gestionar la angustia y de propiciar el cambio; sin embargo otras personalidades no lo logran, desatienden esas señales tanto internas como ambientales y se instalan en la melancolía, prolongando el proceso del duelo, volviéndose patológico.

• En el duelo patológico predominan de forma invasiva en el psiquismo los sentimientos de indefensión y desesperanza; la persona se resiste consciente e inconscientemente a disminuir el dolor y la tristeza como testimonio de su amor y bondad. Esta forma de echar de menos al objeto, por culpa, es diferente en el duelo normal, donde no existe la obligación de seguir penando como forma de aplacar la culpa.

• Podemos entender la rabia ante el objeto perdido como un intento del psiquismo de desprenderse de la representación idealizada, desvalorizándolo. Bien resuelto daría lugar a una representación más realista y completa del objeto donde también se incluyen las partes negativas que antes no se veían; pero existe el riesgo de que la cantidad de agresividad sea excesiva y se llegue a dañar también la representación interna del yo. Reconocer el daño del otro provoca también daño en uno mismo “cómo es que estuve con alguien así”. Al sujeto lo invade la culpa.


• Se empieza a ver la sintomatología depresiva (te descuidas, no quieres levantarte de la cama, lloras, estás abstraído por tus pensamientos, fantaseas incluso con la idea del suicidio).

• En la pareja se puede generar un “falso sí mismo” de forma que el sujeto incorpora un estado emocional del otro con el fin de estar en contacto con él; una forma de apego con el otro se produce compartiendo un estado de ánimo.

Aceptación de la realidad: inicio de reconstrucción de la propia vida

• Se puede recuperar la capacidad interna de enamorarse, no por las características del objeto externo en sí, sino por el establecimiento de la propia potencia personal y por la recuperación del objeto interno bueno desprovisto del odio. Después de elaborar el duelo puedes animarte a salir, a buscar un trabajo, a fijarte en otras mujeres u hombres que llaman tu atención sin la el acompañamiento del odio, y la venganza hacia tu anterior pareja. Estos sentimientos dejan de estar ahora enganchados al odio y ayudan al establecimiento de nuevos vínculos placenteros.

• Para conocer qué construcciones han ido forjando las creencias actuales sobre sí mismo, es imprescindible la reconstrucción histórica que el propio paciente hace de su pasado, revisar su biografía, su historia de duelos, la identificación con los progenitores (estilos de afrontar pérdidas), los recursos adquiridos. La existencia de pérdidas en el pasado en periodos de inmadurez evolutiva y emocional pudo hacer que el paciente se viera impotente y sometido a la situación, y que ante la pérdida actual se reactive ese mismo sentimiento que se vivió en el pasado. Por eso las intervenciones deben dirigirse hacia el sentimiento y las fantasías catastróficas con el fin de favorecer un cambio en la representación interna y crear un nuevo sentimiento de potencia personal.

• Todo lo anterior es conveniente elaborarlo para “no tropezar con la misma piedra”.


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