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01 Feb
El Amor Químico
Escrito por Javier Fierro
Leído 1054 veces | Publicado en Psicólogo
 
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Primero que nada quisiera comenzar diciendo que el amor es el sentimiento más sublime que puede experimentar un ser humano ya que es de carácter multidimensional.

La mente, un ente etéreo compuesto por el cerebro (físico), el alma (metafísico) y el espíritu (divino), es indomable.
Los fenómenos físicos y químicos que tienen lugar en diferentes zonas de nuestro cerebro y otros órganos, corresponden a una señal bioquímica que produce reacciones físicas en todo nuestro cuerpo.

El primer enamoramiento tiene que ver con la repentina y drástica caída de serotonina y una veloz inundación de dopamina. La serotonina es un neurotransmisor que es considerado por los especialistas como la encargada de controlar el equilibrio emocional, es decir, la regulación de los estados de ánimo, la ansiedad y la felicidad.
La dopamina por otro lado, es responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro y de la prosecución de los mismos. Esta combinación crea fuertes vínculos en nuestras mentes entre el placer y el objeto del deseo.

Por otro lado, existen hormonas como la oxitocina y la vasopresina que al segregarse, nos animan a dar el primer paso y a buscar relaciones a largo plazo. La oxitocina es la hormona que nos hace depositar nuestra confianza, nos ayuda a superar el "miedo social" y resulta indispensable e importante para la unión. Y la vasopresina es liberada en respuesta a la proximidad y al tacto lo que favorece el establecimiento de vínculos afectivos.

Estudios recientes aportaron el descubrimiento de que la feniletilamina está vinculada con el amor (Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York). Al inundarse con feniletilamina, se produce la estimulación del hipotálamo quien a su vez, estimula la hipófisis que segrega dopamina, norepinefrina, oxitocina y prolactina. Todas las anteriores involucradas en el proceso de enamoramiento.

Desgraciadamente, este proceso mágico no dura mucho tiempo y se va desvaneciendo en la medida de que los neurotransmisores recuperan sus niveles normales. Ese “amor para toda la vida” suele quedar en una relación de complicidad, amistad o compañerismo. Es decir, en la combinación de lo neurológico, fisiológico, de lo psíquico y al final de lo mental. Esta combinación da lugar a la ternura y a lo sexual.


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