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30 May
Violencia matrimonial: ¿En el Amor y en la Guerra todo se vale?
Leído 965 veces | Publicado en Psicólogo
 
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En 1932 Freud a propósito de los horrores de la Primera Guerra Mundial contestó una carta que le escribiera una semana antes del físico atómico Albert Einstein y que tituló ¿Por qué la Guerra?. Allí expresaba su desilusión sobre la condición humana. Freud dijo lo siguiente "La primera víctima de la guerra: es la verdad"


La violencia se observa en sus efectos destructivos en unos casos hacia el otro y a veces hacia el sí mismo. El odio es una pasión. El afecto como resultante de la pasión de odio es la ira, la rabia o la violencia.

La experiencia del niño con el pecho puede ser una experiencia de satisfacción en la cual el alimento y el calor de la madre son oportunos y suficientes para satisfacer la demanda del niño. O puede ser una experiencia de insatisfacción que origina la aparición del dolor psíquico y el displacer en el niño. En este último caso, la madre es considerada amenazante, peligrosa y malvada, ya que mamá tendría todo aquello que el niño necesita para aliviar su dolor y entrar en bienestar.

La propuesta psicoanalítica plantea que desde el punto de vista de la fantasía inconsciente esta respuesta va acompañada de fantasías de ataque al otro. Estas fantasías de ataque son fantasías de destrucción al otro y es tan importante para la vida psíquica que esta fantasía pasa a ser uno de los puntos del origen de la violencia y de la destructividad humana. Toda vez que el sujeto en su vida futura se encuentre en una situación similar básica de frustración y envidia, tiende a producir conductas o fantasías de violencia y destrucción. En la medida en que sus experiencias tempranas le permitieron un balance entre las experiencias de satisfacción y frustración, el sujeto tendrá la posibilidad de tolerar la frustración sin recurrir a la violencia.

El predominio y la excesiva experiencia de frustración de la demanda provocarán una intolerancia progresiva a la frustración. Así como el sadismo humano puede aparecer vinculado con la destructividad que como hemos visto se origina básicamente de la frustración de la demanda. La pregunta es si esta destructividad humana, originada en la frustración de la demanda es capaz de provocar violencia tan intensa que lleve al homicidio y al suicidio.

La agresividad refiere a una conducta o una tendencia del sujeto que tiene como propósito defender su integridad personal, su vida, su propiedad, su patrimonio y sus valores e ideales.

La intolerancia está específicamente fundamentada en la imposibilidad del ser de mantener la alteridad. Esto quiere decir que el ser intolerante mantiene una relación simbiótica con el otro. Además implica que la mente del intolerante está operando con mecanismos mentales primitivos de tipo de fusión con el otro.

La pérdida de la alteridad es muy común y natural que se establezca en los estados pasionales de amor y odio. Al no poder discriminarse el sujeto del otro y hacer uno con el otro, se va a hacer imposible que ese sujeto pueda tolerar las diferencias que usualmente existen en el otro (Yo soy Tú) (Tú eres Yo).

La buena tolerancia a la frustración que desarrollan muchos adultos, gracias a sus satisfactorias experiencias en la infancia, no siempre se mantienen. Si el adulto sufre de agotamiento por exceso de trabajo, o alguna grave enfermedad, que inevitablemente va a producir una regresión psíquica, entonces ese adulto va a perder mucha de su capacidad para tolerar la frustración.
Hay muchos tipos de violencia: emocional, física, unilateral, bilateral… pero todas ellas tienen en común el hecho de que persiguen el ejercicio del poder sobre otro, al que se trata de anular como interlocutor autónomo y colocar en una posición sumisa y desvalorizada.
En el caso de la pareja, ambos miembros niegan su propia violencia a la vez que denuncian la del otro. Las batallas verbales se caracterizan por una sucesión vertiginosa de acusaciones que acaban desorientando a ambos. En este tipo de intercambios lo que prevalece es el deseo de vencer, por lo que el lenguaje se vuelve un arma y pierde su función de portador de significados.
El analista debe ayudar a la pareja a tomar conciencia de su violencia, pues como ya señalábamos, es común que estos la desmientan. Además es necesario mostrar que una discusión puede ser muy constructiva si se lleva de la forma adecuada, y que de no lograrse un diálogo fructífero, cualquier pelea puede terminar si uno de los dos renuncia a ella. Aunque, renunciar a pelearse puede dar pasó a algo más doloroso: la separación.


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