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09 May
Y la mejor mamá del mundo es...
Escrito por Miguel A. de Leon
Leído 172 veces | Publicado en Psicólogo
 
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Cuando era más joven y veía a las mamás actuar y reaccionar ante las demandas y necesidades de sus bebés de un modo tan preciso e inexplicable me preguntaba, con mucha curiosidad, cómo es que lograban saber si su pequeño monstruo, que solo emitía sonidos, gruñidos y lloriqueos, tenía hambre, sueño, se había hecho popó o pipí, tenía cólicos o simplemente quería los brazos de mamá.

Siempre dudé de mi capacidad para ser mamá y juraba que iba a ser de las peores mamás del mundo, al menos durante los primeros 2 años, porque yo cómo iba a adivinar qué hacer con una persona diminuta que no habla y que aunque hablara seguramente no sabe lo que quiere. Después de los 2 años, cuando ya hablara, mi hijo y yo ya podríamos establecer una relación más clara y estable basada en un diálogo abierto y equitativo y en una convivencia armoniosa estructurada desde la comprensión y los acuerdos.

Cuando era niña y noté que había ciertas cosas que la mayoría de las mamás comparten, como eso de saber qué hacer exactamente con sus hijos, saber qué decir, el cuidado natural y la energía, disposición, entrega y amor que tienen para hacer las cosas de su hijos, que salen de quién sabe dónde pero que parece ser de una fuente inagotable de recursos; se me ocurrió que las mamás iban a una escuela secreta de mamás donde les enseñan cómo hacer todas esas cosas. Nadie sabe de esa escuela hasta que te conviertes en mamá y te llega una invitación privada para que vayas y te obligan a hacer un pacto para no revelar el secreto de dicha institución de enseñanza en las artes de la maternidad, donde hay clases de meditación para despertar el instinto materno, clases de Remedios Caseros en niveles básico, intermedio y avanzado, Técnicas de Lectura y Control Mental, Detección de Objetos Prohibidos en Casa, Búsqueda y Rastreo de Objetos Perdidos, Liderazgo y Negociación (“Porque soy tu madre y punto”, “Si no comes no sales”), Meteorología (por eso de que saben cuándo debes llevar suéter, incluso aunque parezca que será un día soleado, ellas saben que en la tarde va a refrescar) y por supuesto una clase de esas famosas y reconocidas Frases de Mamá nivel 1, 2 y 3, por algo casi todas las saben y las dicen como aprendidas de un libro. ¿Nunca lo habías pensado? No es una teoría tan mala ¿no? Bueno, era una niña y mi capacidad no daba para entender qué era eso de ser mamá, de ese instinto materno del que se habla o del que aunque no se hable se siente, cuando tu mamá hace esa magia especial y particular tan de ella contigo o cuando eres mamá y ahora haces la magia.
Un día crecí, tuve una pareja y un sábado por la mañana al despertar no estaba embarazada, hasta donde yo sabía. Ese día fui al doctor por un “problema estomacal” y al salir, ese mismo sábado solo unas horas después, ya estaba embarazada y de 20 semanas. ¿Cómo fue eso posible? A veces las mejores cosas de la vida pasan sin que te des cuenta y como dice una de las canciones que le canto hasta hoy a mi hija: “La vida es lo que te pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes.” Lo primero que pensé fue en todo lo que hice en esos 5 meses que no tuve los cuidados necesarios y requeridos del embarazo. De inmediato me preocupé por esa persona que ni siquiera conocía y que tenía minutos de saber de su existencia. Ahí empezó la magia. Lo segundo que pensé fue: “¡Sí! Al fin conoceré esa escuela para mamás ¡Qué emoción! ¿Cuándo llegará mi invitación?” Hoy mi hija tiene 5 años y sí, ya descarté mi hipótesis de la escuela, porque no ha llegado ninguna invitación y porque desde el primer minuto que supe que estaba embarazada sentí ese instinto, eso que sabes cuando eres mamá, eso que te hace mamá; una parte de esa chispa, de la magia.
Yo soy psicóloga y entre las cosas que más me gustaron aprender y enseñar fue el trabajo con niños, lo que incluye crianza y educación de los hijos. Antes de ser mamá yo daba talleres para padres. Les hablaba sobre la importancia de la empatía, la comunicación asertiva, los límites, consecuencias, estilos de crianza, berrinches y todas esas cosas que puedes encontrar en libros, en internet en portales digitales reconocidos de psicología o en videos cortos con consejos prácticos. Después de ser mamá, seguí dando talleres y mi ética profesional me ha llevado a poner en práctica eso que sé y enseñé desde la teoría y mi hija me ha llevado a sumarle que esto no es cosa de libros, de teorías irrefutables, de procesos sistematizados inflexibles, de técnicas precisas e infalibles. Cuando la mayoría de la gente sabe a qué me dedico, surge la creencia de que mi hija está adiestrada como un perro con premios y que basta con un chasquido mío para que permanezca en su lugar hasta terminar su comida, se levante a lavar su plato, se siente a hacer la tarea, salga al patio pacíficamente y juegue en orden sin generar ruido excesivo y que al final recoge y acomoda sus juguetes por categorías en sus respectivas cajas y que además en mi casa no se sabe lo que son los berrinches y pues no. Mi hija, no es un perro entrenado y no es un robot, es una persona y es una niña, juega sin reglas, grita de felicidad y de frustración a veces con la misma intensidad en las dos situaciones, hace desorden como si hubiera 17 niños en la casa cuando en realidad está jugando ella sola en su cuarto, no siempre le gusta lo que se le da de comer, no siempre se quiere bañar y dormir a su hora y a veces quiere más helado y más tiempo en el parque. Aunque sí tengo ciertos aprendizajes y herramientas extras que me permitan actuar más activamente en lo que le enseño respecto a su comportamiento y consecuencias, que sí son cosas importantes para su desarrollo y de los niños en general, no solo se trata de eso.
Mi hija me llevó a la angustia de cómo enseñarle del amor, cómo le voy a explicar la felicidad, qué le voy a decir de la libertad, qué le diré sobre la pasión por hacer algo, cómo le daré confianza, ¿y si no la entiendo?… Y cuando empecé a preocuparme por cómo enseñarle esas cosas básicas de la vida y a rogar para que esa escuela que yo me imaginaba de verdad existiera, porque me sentí totalmente incompetente para enseñarle las cosas esenciales y fundamentales de vivir, ella empezó a hacer su parte. Si bien hay un instinto natural de cuidado que compartimos con los animales, pues una mamá elefante no va a una escuela para mamás y menos lee de psicología infantil, pero sabe qué hacer cuando nace su bebé, lo limpia y lo ayuda a levantarse y caminar; nosotros tenemos algo más: mi hija me hizo saber y a mí me tocó escuchar y aprender. Me tomo como 11 días desde el nacimiento de mi hija diferenciar cuando lloraba de hambre y cuando lloraba solo para que la cargara, después supe cuál y porqué un juguete le gustaba más que otro, qué compartían la papaya, el arroz con leche, el mango, los camarones y el plátano como para que no le gustaran, que la pizza no tenía que ser su comida favorita solo porque es la mía, que no necesariamente tiene frío o calor cuando yo tengo y años después sigo aprendiendo sobre su individualidad, sobre los gustos que deja y adquiere, de lo que aprende fuera de casa, de sus pequeñas grandes decisiones, de lo que para ella es importante y si un día hay que hablar seriamente de mariposas, de dónde vienen, por qué hay de tamaños y colores diferentes, ese día se habla de mariposas; que hay una forma que tengo para verla cuando algo que hizo me molesta y que no le gusta que la vea así, que hago un tono en mi voz, para repetirle que haga algo cuando no lo hizo a la primera indicación, que la podría hacer llorar y cuido mucho de no usarlo; disfruto verla vestirse con lo que más le gusta, que diga exactamente lo que piensa y lo que quiere aunque yo no esté de acuerdo con eso, que descubra que puede hacer algo nuevo, le enseño y comparto lo mucho o poco que sé del mundo, crezco con ella y hoy me encargo de hacer mi mejor esfuerzo por respetarla y verla tal como es y de escucharla con la atención que merece y necesita.
La mayoría de las mamás hacen lo que creen que es mejor para sus hijos con la mejor intención. En la terapia he aprendido que las mamás que aceptan que se equivocan y que llegan con la disposición de entender a su hijo son las que obtienen resultados, que logran cambiar dinámicas que no funcionan en la relación, que adquieren herramientas y habilidades para enseñar y acompañar a sus hijos y que aprenden a crecer con ellos.
Las mamás no van a una escuela y aunque suene lógico, aprenden a ser mamás hasta que son mamás y pueden aprender o darse cuenta que pueden aprender desde el día 1 que tienen a su bebé en brazos o a los 11 días, a los 7 años, pueden seguir aprendiendo cuando su hijo cumpla 18, cuando su hijo tenga 33 años, cuando su hijo tenga hijos.
Al día de hoy he aprendido que una parte importante de la magia de ser mamá surge de la disposición de aceptar, escuchar, conocer y entender a tu hijo y que otra parte se trata de reconocer que puedes equivocarte y saber que no hay mamás perfectas, pero que hay mamás que aprenden a ser la mamá que su hijo necesita. Al día de hoy mi hija me ha dicho que es feliz conmigo, me ha dicho que no le gusta ninguna otra mamá y mi hija cree soy la mejor mamá del mundo y yo le creo, además creo que lo más probable es que tú también lo seas.

POR: CINDELL HERNÁNDEZ

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