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30 Oct
Y vivieron felices para siempre
Escrito por Ruth Axelrod
Leído 1000 veces | Publicado en Psicólogo
 
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Cuando los cuentos de hadas y las historias infantiles forman parte de los materiales educativos y se integran a la mitología personal...

las niñas y los niños pueden considerar que llegar a la edad adulta, es llegar a la etapa romántica-erótica para la elección perfecta, de una pareja perfecta y lograr así un matrimonio.

La cultura favorece la idea de esta elección como un camino fácil de tomar, con las implicaciones de elegir una forma de vida con alguien a quien se ama, con el objetivo de ser felices juntos, hasta que la muerte los separe…

¿La muerte? ¿Cuál muerte?

¿La muerte de los cuerpos, por la vejez, por la enfermedad…? Y si estamos pensando en la muerte real, por supuesto que cuando alguien se muere se va a separar, naturalmente, de todas las personas vivas. ¡Eso está clarísimo!

Sin embargo, a mi me parece que la muerte a la cual nos podemos referir en este artículo, es la muerte de las expectativas que ambos tenían de pequeños y con el paso del tiempo y la necesaria madurez que esto trae, el manejo de la muerte de las expectativas infantiles dará paso a nuevas expectativas más realistas, las cuales permitan mantenerse en una relación de pareja estable y duradera.

La relación amorosa es un tipo de relación intersubjetiva, donde se produce la capacidad de elaborar proyectos para si y para la relación; es un espacio elegido donde se procura a sus participantes autonomía, libertad, similitud de responsabilidades, alejándonos del sometimiento.

El amor es una forma de superar el estado de separación de los padres y la carencia natural, que como humanos, todos sufrimos. Si se le suma el placer erótico, el amor parece más intenso y más medicinal, contra el vació y la angustia de vivir.

La capacidad de rellenar las aspiraciones de los seres humanos, durante un breve lapso de tiempo, hace olvidar las preocupaciones de la realidad cotidiana. Sirve para acceder y tolerar el orden social, para acceder a la estabilidad. Lo adecuado sería que cada pareja haga sus propias expectativas, entre más cercanas estén a la realidad, más fácilmente se podrán cubrir.

El orden social da el nivel de lo bello, lo bueno y lo verdadero. El manejo del tiempo y del dinero da los límites entre las familias de origen y la paciencia para aprender uno del otro…estos son algunos los retos del principio de una nueva relación. Sin embargo, las expectativas inconscientes son las más temerarias, pues están ahí sin tener facilidad de ser expresadas.

¿Qué se le puede decir a la pareja y qué no? Existe un espacio de intimidad, para ser compartido, pero hay otro que no. Esta intimidad es sana, pues forma parte de la identidad de cada persona. No por ser secreto, sino porque hay cosas que no sabemos cómo expresar.

Finalmente, una buena comunicación entre los integrantes de la pareja y una buena escucha serían un antídoto contra la frustración de las expectativas imposibles. Si se llega a situaciones más complicadas, siempre una terapia de pareja puede ayudar a que los cónyuges tramiten nuevas alternativas y nuevas negociaciones entre ellos y así, poder adecuarse a su realidad armoniosamente.


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