Al margen de las creencias morales y/o religiosas que cada persona practica; la realidad en gran parte del mundo, nos muestra una importante diversidad de formas de unión entre dos personas, que no solo han roto paradigmas sociales, sino que han forzado a no pocos Estados o bien a Gobiernos Estatales o Regionales, como lo es el caso del Distrito Federal en México, a que articulen una serie de transformaciones jurídicas que tutelen y den un marco jurídico a la unión de personas, ya no solo heterosexuales, sino también del mismo sexo.

Si bien el fin primordial del matrimonio es el de la reproducción de la especie y asegurar formas congruentes y viables de heredar los bienes tangibles y de los valores culturales también intangibles por medio de la herencia de una generación a otra; esta época nos permite apreciar nuevas formas del matrimonio desde los lésbico-gay, hasta aquellos heterosexuales que han decidido no tener hijos o no adoptarlos en un momento dado.

Hablar del Climaterio o de la Menopausia, es abordar un tema lleno de representaciones culturales que van variando de una cultura a otra; por lo que más allá de dar sugerencia alguna nos permitimos hacer una breve descripción de algunas formas de ver o sentir de cada sociedad este procesos biológico natural en las mujeres y cómo se asimila, en nuestra cultura que supuestamente es más “educada o enterada” que otras.

En nuestra cultura, existen lenguajes ocultos; que le indican a la misma comunidad con quienes sí deben casarse, del porqué sí o del por qué no, las que comentaremos en la parte final de este documento. Ahora veremos a un “agente consumidor de matrimonios”:

     Los Celos.- Entre las causales más comunes para que un matrimonio fracase, están los celos, sean por supuestas o reales infidelidades, por celos profesionales, afectivos, etc. Pero siempre habrá un pequeño o gran ingrediente de celos en una      ruptura sentimental.

Una de las primeras reflexiones que debemos de comprender es que si bien matrimonio y familia no son exactamente lo mismo, van en una construcción paralela y no puede haber o existir el uno sin el otro, pues al llevarse a cabo un matrimonio automáticamente estamos frente a una familia, la cual puede ser de dos o más personas. Mucho se ha comentado que el matrimonio como tal, ha dejado de existir en sus formas tradicionales, es decir: Papá, Mamá, hijitos, abuelita; además del perico, perros, gatos y hasta se incluyen hasta yernos y nueras…

En esta temporada, un sinnúmero de culturas dejan ver sus diversas expresiones hacia la muerte y esta de ser un echo natural que determina el fin del ciclo de existencia de un organismo biológico, como lo somos y que esta circunstancia, deja de ser algo hasta necesario, desde una lógica de regeneración de cualquier especie para dar paso a una expresión colectiva que coadyuva no solo a superar el dolor de pérdida, sino que además permite a los integrantes de una célula social, dar viabilidad al deceso de un ser querido

Hablar sobre las diferencias en la pareja, remite a este “brochero del papel virtual” a honrar a dos mexicanos que han logrado conservar su matrimonio a lo largo de 50 años. Él, mi padre de Saltillo, Coahuila, que vino al D.F. a estudiar Ingeniería en la UNAM en el ya lejano año 1953. Ella, mi madre capitalina con sangre hidrocálida que estudiara piano en San Antonio Texas. Ambos encontraron y sellaron sus destinos, al conocerse en esa década y decidiendo unirse en sagrado matrimonio en 1960.