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Tratar de convencer a otra persona es indecoroso,
es atentar contra su libertad de pensar o
de creer o de hacer lo que le dé la gana.”

Poeta Jaime Sabines.

¿Recuerdas cuando, en tu infancia, fuiste de visita a una casa y por algún motivo descubriste que el funcionamiento familiar era diferente al que conocías?

Hacer alusión a la violencia doméstica es referirse a la ocurrida en las familias. Se trata de un fenómeno mundial, el cual, a partir de acciones emprendidas por el movimiento amplio de mujeres en todo el mundo, se han reconocido las graves consecuencias y se ha roto el silencio de la sociedad.

Esta reflexión se plantea, principalmente, para quienes están ejerciendo la maternidad o la paternidad. Alguien podrá pensar: ¿por qué habría de leerlo yo, si aún no tengo hijos? Sin embargo, es probable que en algún momento de tu vida decidas cambiar de estatus y este análisis podría ser de utilidad a futuro; en parte, puede ayudar a detener los reclamos de quienes señalan que no les dijeron cómo ejercer esta difícil “profesión”.

Descubres o te enteras que tu pareja ha sido infiel. Pasas por las típicas etapas del duelo (te han contado): incredulidad (No es cierto), negación (Esto no me está pasando a mí), duda (¿cómo pudo ser?). Viene la rabia, el temor, la decepción y otras tantas reacciones… muy probablemente te preguntes “¿por qué a mí? ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé?”. Te planteas ventajas y desventajas sobre la situación, todo en aras de no perder el control.

¡Nana, Nana! Gritaba emocionada Celia mientras corría acelerada hacia el fondo del gran jardín, donde su nana Mago cortaba unas hermosas flores para el concierto de piano que daría su madre esa tarde, en la casona de Tacubaya.


-¿Te mandó o entregó algo para mi, Nana?

Mucho se ha argumentado que la relación entre las mujeres denota altos índices de deslealtad y traición, sumado a un sinnúmero de calificativos que buscan denostar las alianzas entre el género que es sinónimo de vida.