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08 Feb
¿Amor libre o amor romántico?
Leído 1819 veces | Publicado en Sociólogo
 
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“El amor ha sido el opio de las mujeres (…)
Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”

Kate Millet Entrevista
(Diario El País. Mayo 1984)

El amor, el amor, el amor. Antes se festejaba el día del amor, ahora ya se extendió al mes del amor y se añadió la amistad para regocijo de quien no tiene pareja en esa fecha. El amor es un tema central en muchos espacios. Proliferan los diálogos con especialistas del tema, hay recomendaciones, aparecen novelas, películas, teatro… el amor es un tema tan antiguo como la humanidad y sigue siendo un misterio, seguimos buscando la clave para alcanzar el gran amor de la vida ¿un sueño posible?

Sin ánimo de romper el encanto, una probable respuesta es que en la pareja se manifiesta una relación de poder de forma habitual y este tipo de amor es una construcción social modelada a lo largo de la historia, acorde a intereses hegemónicos. Se trata de un hecho social determinado por cada cultura y aspectos relacionados con él. Igual que las expectativas asignadas al ser y hacer de lo femenino y masculino responden al sistema dominante.

En aras del amor mujeres y hombres deben cumplir ciertos mandatos (conscientes o no), lo cual incluye el lenguaje amoroso, las reglas amatorias (muchas veces no escritas) y hasta las formas de gozarlo y de sufrirlo. Todo esto en concordancia con los cánones que señala cada bloque histórico, teniendo en cuenta la moral social predominante, misma que responde a la estructura de poder vigente. Diversos estudios han llamado “amor Disney” (Vasallo, Brigitte) o amor “tipo Hollywood” por lo determinante que han sido estos modelos en las nuevas generaciones. Un ejemplo: en algunas personas predomina el modelo de orgasmo como lo representan en las películas y si en la realidad no coincide, pueden experimentar cierto grado de frustración.

La historia muestra como el amor se ha usado como instrumento de control del orden social y con fines económicos coherentes con el capitalismo. Promover sentimientos también se traduce en ganancias. ¡Todo esto sin querer estropear las fiestas de febrero! Además, en el amor hacen sinergia patriarcado y capitalismo; esta asociación se expresa de múltiples formas en la vida cotidiana de por si enmarcada en un contexto de crisis económica, precariedad laboral, guerras, violencia y deterioro del medio ambiente.

En occidente, lo común es que la pareja inicie con un enamoramiento, se crea un vínculo de pareja con papeles o sin ellos y se forma una familia. Hay quienes se “brincan” alguno de estos pasos, pero la mayoría de las personas dicen desear un espacio constructivo y de crecimiento para dar y recibir amor y ternura, poder congeniar, comunicarse, apoyarse y compartir.

Sin embargo, por diversos estudios y testimonios sabemos que “el hogar, dulce hogar” puede llegar a convertirse en un espacio destructivo donde predomina el sentido de posesión, celos, envidia, rencor y odio; que muchas veces culmina en el desamor más absoluto y hasta con violencia extrema. ¿Cómo es que se llega a esto? ¿Buscabas a una persona que te de “todo” ¿cómo traduces ese “todo”?

El amor más arraigado hoy, con sus matices y actualizaciones, es el amor romántico o caballeresco de los siglos XII y XIII, basado en la idealización del amor imposible por el que se valía matar o morir (Duby, G.; 1990). Refiere un amor eterno por el cual luchar y aguantar todas las adversidades con resignación coherente, pues toda la producción cultural está impregnada de él, todavía. Pero ¿Es forzoso hacer “sacrificios” por amor? ¿A qué renuncias cuando tienes pareja? Si haciendo un balance de tu relación resulta que prevalece la desdicha, el abandono de proyectos y las privaciones; donde la alegría, la armonía y la comunicación están ausentes, entonces estás viviendo una relación tóxica que nada tiene que ver con el amor.

Todo puede comenzar reconociendo que la pareja es una institución inestable, la cual cambia constantemente porque las personas y las situaciones se transforman, que se puede terminar en cualquier momento y la vida sigue. Si puedes hacer a un lado mitos como “el amor lo puede todo, hasta hacerle cambiar”; “el amor requiere entrega absoluta”; “yo que no vivo sin ti” o “el amor es posesión y exclusividad”, puedes construir un amor más sano y colocarlo al mismo nivel que tu realización profesional, tus sueños y proyectos, tu familia de origen, tus amistades y actividades favoritas. Nadie tiene que renunciar a todo esto por una pareja.

¿Por qué no hacer una revolución en el amor y en la forma de expresarlo? El amor romántico es contrario al amor libre, ese que respeta la independencia de la otra persona. El amor libre está exento de relaciones de poder, sin pretensiones de dominar porque quedan claros los límites y se establece lo que se vale y lo que no. Resulta necesario enfatizar que la relación se instaura entre dos personas ciudadanas donde no hay súbditos /súbditas, pues asumen derechos y reconocen obligaciones. Sólo así se pueden alcanzar consensos; una relación donde se eviten los celos pues ello implica posesividad. Es importante tolerar algunos defectos y es fundamental el respeto a ciertos márgenes de libertad que cada pareja acordará: como seguir estudiando, visitar a la familia, convivir con las amistades individuales... Un amor que rompa con las jerarquías sexuales impuestas por el patriarcado, vía de roles rígidos para cada quien, con el fin de encontrar la equidad y el mutuo reconocimiento.
Así que tú resuelves cómo ejerces el amor, si desde la ciudadanía o desde la obediencia ¿Por cuál te decides por el amor libre o el romántico?

Referencias:

Duby, George (1990) El amor en la Edad Media y otros ensayos. Alianza Editorial. Madrid, España.
Herrera, Coral (2011) La construcción sociocultural del Amor Romántico. Editorial Fundamentos. Madrid, España.


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