02 Sep
Fidelidad a la mexicana
Leído 3356 veces | Publicado en Sociólogo
 
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Mucho hemos escuchado de las particularidades que tenemos los mexicanos de sentir las relaciones sentimentales y muy en especial nuestra visión y sentir hacia la fidelidad en las mismas.
En una cultura donde las relaciones tienden a enmarcarse por esas polaridades, entre el amor profundo, odios, te amo, te perdono, vete pero no me dejes, volcán, palmeras, cocos, fuego, etc.; que en realidad enmascaran una constante evasión de la realidad del compromiso profundo y fecundos.


Veamos otros ámbitos de la vida pública, ¿Cuál es el discurso oficial ante el desastre en seguridad pública, resultados deportivos en las Olimpiadas, ante el desastre ecológico, educativo, etc.? Siempre buscamos evadir la línea directa entre la solución práctica y obvia con los entuertos de una realidad que nosotros mismos hemos ido construyendo como nación al paso de los siglos.

Como no recordar aquellas imágenes de la abuela que sufrida nos decía que todo el sacrificio que hacía era por sus hijos, descuidándose ella misma en su persona y desarrollo. Esto ha cambiado y no se ha transformado por una dinámica de aumento del nivel de educación, cosa que no ha sucedido por tener México en la actualidad un rezago educativo de 33 millones de personas, sino a una presión económica surgida a raíz de la urbanización de nuestra sociedad otrora rural a una urbana. ¿Dónde viene el quiebre? Las familias que migraron a las ciudades y áreas urbanas o semiurbanas en la década de los 40’s ante el nuevo fenómeno de la industrialización del país, conservaron la entidad de la familia amplia, donde existe una interacción entre todos los miembros de la misma, con lazos de compromiso social y económico hasta los primos en segundo grado y ampliándose a la figura del compadre y la comadre y enriquecido en no pocos casos con herencias indígenas de relaciones intracomunitarias fuertes y sólidas.

Estas relaciones rurales transportadas al medio urbano, encontraron lógica frente a las clases medias y medias altas que curiosamente también habían mantenido sus usos y costumbres intocables desde el Virreinato y la Independencia, es decir una cercanía a los círculos de poder, amparados por una clase religiosa fuerte y dominante que guiaba todas las conductas sociales de la familia y se encargaba de mantener bajo total sigilo todas aquellas conductas “inmorales o impropias” que afectarán el buen funcionamiento de esa sociedad a fin de salvaguardar los valores entendidos.

Así la mujer de los diversos niveles socioeconómicos veía hasta con cierta lógica que su hombre tuviera una que otra aventurilla, claro al amparo de que todas las hermanas, primas, amigas íntimas y las mamás de estas, lo consecuentaban, mientras el coscolino en cuestión no faltase a sus obligaciones económicas y de vez en cuando sexuales a fin de preservar la especie; entendida esta como seguir el buen apellido o tradición de un grupo determinado.

Ya en la década de los 50´s México entraba a una interesante faceta donde la movilidad social era ahora una realidad posible, vía la educación superior, ante el ande de la UNAM que con sus nuevas instalaciones recibía estudiantes de todos lados del país, en este sentido el Politécnico Nacional, completaba ese cuadro que efectivamente era un motor que generaba nuevas modas, actitudes y necesidades sociales de aquella juventud que hoy rebasa los 70 años, que en mucho encontraron esa movilidad social, cobijados en un aparato político que tenía al gremio obrero bien identificado y por decirlo así satisfecho en sus necesidades básicas, mucho del cual engrosó las centrales obreras, a raíz de la consecuente migración rural a las ciudades, ya que el tiempo de la pos guerra así lo demandaba. Nuevos valores principalmente norteamericanos como el rock and roll impactaban en sus versiones en español a las nuevas generaciones de universitarios y estudiantes de todo el país y por otro lado las películas en las que se reencarnaban valores culturales y de identidad mexicana que dieron lugar a Pedro Infante y Jorge Negrete como representantes de un gran movimiento publicitario avalado desde las altas cúpulas del poder, buscando que los nuevos fenómenos migratorios encontraran una respuesta de identidad y de preservación de sus patrones de convivencia. De hecho así fue y se logró el impacto deseado, siendo esa etapa y sus exponentes una línea de identidad que sigue siendo vigente hoy en día, como referente de cultura de masas.

En ese movimiento se enmarcó gran parte de la realidad del hombre mexicano, al cual además se le “justificaba” su comportamiento y machismo, pero lo curioso del asunto es que era la madre, la que alentaba estos comportamientos. Todas esas nuevas generaciones de mexicanos de diferentes niveles sociales ya fueran a la universidad o a los centros de trabajo dejaban en la provincia a sus padres y madres, lo que en muchos casos creó una nueva clase de matrimonios que viven fuera de aquellos hogares amplios, pero como los comportamientos culturales tienen la cualidad de ser altamente resistentes estos nuevos matrimonios importaron “sus valores de identidad familiar” a su nueva realidad urbana y fue ahí, donde estos hechos publicitarios de las películas de charros parranderos, le dio a las nuevas clases urbanas y semiurbanas los referentes necesarios para seguir justificando su machismo. Pedro Infante pasó sin embargo, de ser un hecho publicitario a convertirse con todo su gran movimiento de películas, canciones, etc. en un fenómeno social.

No en balde cuando le preguntaron a Don Carlos Monsiváis, quién era el mexicano más representativo del siglo XX, contestó sin duda que era Pedro Infante.

La clase política y religiosa no podía estar más contenta y tranquila, pues veía como México se iba modernizando sin alterar realmente sus fundamentos culturales, aunque estos siguieran justificando todas las formas de infidelidad del varón hacia la mujer.

Los movimientos sociales de los 60´s y 70´s y su impacto en las generaciones que hoy tienen 55-65 años, fue importante, pese hay quienes buscan demostrar lo que fueron los movimientos culturales de los hippies. Ya habían pasado los movimientos de los ferrocarrileros y de los médicos años atrás, lo que iba abriendo paso a una secuencia de cuestionamientos sobre el poder en todas sus formas, político - religioso.

El fenómeno de la migración hacia los Estadios Unidos que se había iniciado en los 40´s y que daba inicio a los famosos pachucos, representados inclusive en alguna película de Tin Tan. La movilidad de ya miles de mexicanos hacia lo que otrora fuera parte de nuestro territorio nacional, comienza una nueva cultura que se empieza a reciclar con parte de la nacional y por ende aporta nuevas expresiones en todos los ámbitos incluyendo una mayor libertad sexual.

La modernidad y la minifalda, tuvieron gran impacto en amplios sectores sociales de nuestro país y la píldora anticonceptiva era el arma perfecta para completar la primera y gran oleada de libertad sexual entre miles de jóvenes que se dejaron llevar por las más sublimes pasiones. Un sector encontró en movimientos de corte religioso oriental, una nueva forma de expresión y el Kamasutra de la India entraba en porciones de una población sedienta de nuevas expresiones.

Las Olimpiadas de México 68 y el Mundial México 70, así como los movimientos sociales del 68 y el 71, generaron una nueva oleada de búsqueda de libertad y de nuevas formas ya no sólo de expresión cultural y política, sino sexual; lo que impactó profundamente la vida de miles de familias, al comenzar ya en la segunda mitad de los 70´s con un fenómeno que era por demás extraño y este era el ¡Divorcio! Quién no se acuerda de los comentarios de las “damas de buena sociedad”, exclamando: "¡Esa niña es hija de divorciados!". Este nuevo fenómeno social, se acrecentaba de forma exponencial y en una década dejo de ser un estigma para ser parte de la realidad cotidiana en nuestra sociedad, ya no sólo de las clases medias y altas, sino impactando también en la clase baja y media baja, siendo el sector rural aún más conservador al respecto.

Al llegar los 80´s los movimientos punks aceleraron en México una cultura de roqueros metálicos, que fueron después de alguna forma suavizados por el pop de flans, timbiriches y música country que mantuvieron al rock pesado en un concepto de dark, no sólo por su oscuridad, sino por la imposibilidad mediática de salir al aire; así "Botellita de Jerez" entre otros seguían en el desconocimiento, no total ya que contaban con fans, pero no tenían espacios para proyectarse.

Los Terremotos de 1985, vuelcan a una sociedad civil a las calles que rebasa al Gobierno y el rol de la mujer es vital para salir de esa crisis social y política, los movimientos universitarios del CEU en 1987 y las elecciones de 1988, tienen en la mujer un cambio significativo que se da cuenta de su papel definitorio en la vida política y social de México.

Lo anterior impacta y en mucho su vida sexual cambia de pasiva a activa, además por ser ella en muchas ocasiones la que tiene que traer un preservativo para evitar el embarazo o alguna infección viral. Mujeres cada vez más seguras de si mismas y de su sexualidad han rotado en mucho el concepto de la fidelidad en México, como tradicionalmente se venía manejando. Así, la mujer mexicana sigue evolucionando y ganando espacios, como lo muestra la decisión de la SCJN con respecto a la despenalización del aborto.

Ya a inicios de los 90's se había dado comienzo a movimientos que formantaza la fidelidad y ahora cercanos a la segunda década del siglo XXI, se entiende que la construcción de la seguridad interna de cada pareja y su realización como personas será un aliciente para que la fidelidad, tenga importantes avances como concepto de vida en pareja.


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