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02 Mar
Hoy en día, ¿Es posible independizarse de la familia?
Leído 450 veces | Publicado en Sociólogo
 
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“Porque me duele si me quedo,
Pero me muero si me voy…” (*)

María Elena Walsh
Escritora, poeta, dramaturga.
(1930-2011)

Irse de casa para convertirse en una persona independiente, es y ha sido una decisión complicada y ambigua, tanto para quien se va como para la familia que se queda; por ello retomé la frase de María Elena Walsh en el sentido de estar ante el ferviente deseo de partir y al mismo tiempo el temor de hacerlo por la incertidumbre de ¿qué podrá pasarme? Un tema infinitamente expuesto entre películas, novelas, textos… desde diferentes miradas, hace ya mucho tiempo.


En el presente todavía se asume como una situación contradictoria para las familias, pues aceptar la ausencia de las/los hijos en la casa familiar resulta difícil y por sus implicaciones, requiere ser analizado desde varias perspectivas. Afecta por un lado a mamá y papá, siendo común que muestren algunos síntomas del llamado “nido vacío”: llanto, tristeza, ansiedad, sentimiento de rechazo, culpa… Se vive como una pérdida pues, por las edades, se añaden hechos difíciles como: enfermedades, jubilaciones, fallecimiento de personas cercanas y más. Pero también se puede aprovechar para un nuevo diálogo con la pareja, un reencuentro con ella… sugiero escribir una lista de proyectos pendientes y construirlos juntos, otra luna de miel, viajar, ir al cine, crear nuevas amistades, cuidar la salud, ir a fiestas... es también posible tomar esta etapa como otra oportunidad.
Ver a las/los hijos independizarse no es sencillo, luego de todas las experiencias vividas en común a lo largo de los años. Sin embargo, aun con todo el dolor de la partida, hay también satisfacción al plantearse como un logro el haberles educado para ser independientes. Pudiera ser más complejo tenerles en casa cuando se quieren ir, pero la situación económica se los impide. Ahí sí puede haber problemas.
Otra situación común es encontrar diferencias de género cuando los hijos se van; si se trata de una hija o de un hijo. A inicios del pasado siglo XX, Virginia Woolf (1882-1941) en su libro Un cuarto propio, con gran ironía y hasta de forma chusca, propone un escenario ficticio respecto a si el dramaturgo inglés William Shakespeare hubiera tenido una hermana con similar capacidad que él para la creación literaria, y planteara irse de casa para recorrer nuevos horizontes y dedicarse a la poesía, al teatro, a las artes. Al hermano lo habrían despedido como un héroe que va a conquistar el mundo y buscar fortuna; a ella para empezar (por la época) no habría ido a la escuela y el padre le reclamaría sus tareas domésticas, además de su incapacidad para actividades propias de los hombres y que no debería malgastar su tiempo en libros y papeles, así como su obligación de quedarse a cuidar la casa paterna.
Hay roles muy marcados desde antaño, las mujeres pasarían del mando paterno al del esposo, por ello requerían de una boda para salir de la casa familiar a fundar su propia familia. Aunque los varones a veces partían solos para estudiar o trabajar. Sin embargo, en los espacios de educación superior, sobre todo en las grandes ciudades, desde hace varias décadas empezaron a crearse entre estudiantes, formas alternativas de apoyos para compartir casa o departamento con una persona amiga o totalmente desconocida.
De acuerdo con el sitio de la periodista Carmen Aristegui (14-02-2018), en México, 39 por ciento de jóvenes de ambos sexos lo prefiere a vivir con una pareja, “para tener su propio espacio”, compartir gastos, evitarse discusiones… Los motivos de salida del hogar pueden ser para acercarse a su centro escolar o laboral, o bien, que le dan mayor importancia a su independencia y quieran experimentar lo que significa romper “el condón umbilical”… aunque también puede ser por conflictos familiares.
En múltiples centros de educación superior es común ver anuncios con llamativos letreros que dicen “Busco Roomie (sólo mujeres)” o “Busco compartir departamento (tengo un gatito)”; “Comparto casa con varones o mujeres)”. Así los nuevos compañeros se conocen sobre la marcha y van construyendo sus reglas de convivencia; pueden ser relaciones superficiales o se construyan amistades cuya duración sea de un semestre escolar, una carrera universitaria o toda una vida. Es básico desde el inicio acordar las reglas de la casa respecto a: reuniones, fiestas (señalando horarios claros), visitas de amistades y parejas, señalar áreas comunes y definir tareas sobre el trabajo doméstico, mascotas, consumo de alcohol, volumen de la música… poner las reglas por escrito y pegarlas en lugares visibles. Esto ayuda a prevenir conflictos vecinales y entre el grupo.
Este fenómeno depende de la ciudad, situación económica o la coincidencia de intereses, y es más común de lo que suele pensarse. Lo seguro es que la juventud siempre está creando nuevas formas de interacción y de construcción de su independencia; no se excluye algún apoyo familiar. Aclaro que no es lo mismo salir de casa porque te corren, a hacerlo como una nueva forma de relación familiar, para compartir con personas desconocidas que pueden o no incorporarse a un nuevo proyecto personal, pese al temor inicial y su ambigüedad, es válido atreverse a ir por un sueño buscando crecimiento y autonomía como un reto de vida, aun en tiempos tan complejos como los actuales.

Referencias:
(*) Walsh, María Elena. Poema “Serenata para la tierra de uno”.
Woolf, Virginia (2002). Un cuarto propio. Editorial Colofón, S. A. México.
‘Millennials’ prefieren vivir con ‘roomies’ que con pareja. https://aristeguinoticias.com/1402/kiosko/millennials-prefieren-vivir-con-roomies-que-con-pareja/


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