26 Ago
La amante, esa poderosa y “mala mujer”
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“Amantes fuimos los dos
que amarse no da vergüenza (…)
Casado estuve contigo;
arras fueron las estrellas
y en el libro de la vida
quedó por siempre una fecha…”

José Antonio Ochaíta (1905-1973) *

En el imaginario colectivo, cuando se habla de una mujer como la amante o la otra, se refieren a ella con cierto desprecio, por tratarse de “la querida”, la “no esposa”, pero al mismo tiempo con un dejo de envidia no confesada, porque la consideran una mujer poderosa, con la capacidad de manipular a los hombres (así, en plural) y ponerlos a sus pies, la que es irresistible y los atrapa en sus redes desde el amor a escondidas como principio de vida que edifica o destruye, que provee de felicidad sin obligación ni compromiso.

Resulta difícil pensar que una mujer de forma deliberada se proponga ir interponiéndose entre las parejas de otros, tal vez en caso de alguna patología, pero es más probable que la relación nazca del trato continuo o situaciones diversas que tienen como corolario la atracción entre dos personas y el inicio de encuentros a partir del ejercicio de su sexualidad. Quizá decidan expresarse sin compromiso con la idea de terminar en cualquier momento su relación, o incluso la amante considere que ser “la otra” tiene sus ventajas, como no cambiar proyectos de vida, no encargarse de asuntos cotidianos, ni responsabilidades económicas.

Ella tendrá que aceptar el rechazo social, dado que por más moderna o posmoderna que sea una sociedad, hay relaciones que generan resistencias y aunque “(…) no hay allí un pensamiento lógico (…) en nuestras sociedades, una cantidad enorme de individuos, no juzgan sino a través de las convenciones y de la opinión pública. (…) Las sociedades en las que se manifiesta la posibilidad y la capacidad de cuestionar las instituciones y las significaciones establecidas constituyen una ínfima excepción de la humanidad.” (Castoriadis, C.; 2001: 96-97)

En este sentido, el amasiato constituye una relación transgresora, que tiende a generar reacciones encontradas, hay quien lo ve con normalidad en tanto no le afecte de forma directa, habrá quien lo cuestione de manera tajante. Lo que también suele pasar, es que llegue a incidir en la autoestima y valoración de la propia mujer, dada la calificación social negativa que del hecho hagan las personas de su entorno cercano: familia, amistades, ámbito laboral, entre otros, quienes llegan a juzgarla y hasta discriminarla por romper con patrones culturales y ciertas normas sociales, además de atribuirle cualquier cantidad de adjetivos.

En este caso sólo se analiza a la amante mujer, que es muy diferente al amante hombre en nuestro patriarcado de cada día. Una relación de amasiato puede durar días, meses, años, siempre que la mujer tenga claras las reglas del juego y que viva el presente, no se enamore y se ría de las promesas, pues la falta de compromiso no permite hacer planes futuros, ni estar en las celebraciones importantes o en las enfermedades, porque si empieza a asumirse como esposa, irá disminuyendo la fantasía, dado que lo atractivo y seductor de la relación, está en que se mantenga la clandestinidad y lo prohibido de la situación.

Francesco Alberoni en su libro El erotismo (1989), señala que el tiempo con el amante, “debe ser un tiempo libre de cualquier preocupación (…) Un tiempo separado de la cotidianidad. (…) La dimensión del amante es lo apartado, lo doble, lo paralelo.” (1989: 61) De ahí que la expectativa es que se convierta en La Incondicional, como la canción de Juan Carlos Calderón, y aun cuando el vínculo conlleve procreación y familia, será sin reconocimiento social y por tanto, la casa chica o segunda familia, aquella que carece de legalidad y legitimidad.

Regresando a la canción citada, que a la letra dice: “No existe un lazo entre tú y yo, no hubo promesas, ni juramentos, nada de amores, nada de nada”, esto es otro mito, ¿quién puede garantizar que de un amasiato no broten el amor y los compromisos? y hasta se pueda disolver la familia de origen, pues si algo caracteriza a la humanidad son las contradicciones: así que más vale eliminar los “yo nunca…”; “yo jamás…” porque suele suceder que caigas en lo que más refutas, pese al estigma y la crítica social: tener una o más amantes es "jugar con fuego", el riesgo es real.

Porque hay mujeres amantes que tan sólo se fijaron en la persona equivocada en el momento incorrecto y su grave error fue enamorarse, de no ser así ¿por qué hay tantas familias de este tipo? y quizá ni sean poderosas, en el sentido expuesto, y tampoco sean “malas mujeres”, ¿tú conoces a alguna?

Referencias:

Alberoni, Francesco. (1989). El erotismo. Editorial Gedisa, México.

Castoriadis, Cornelius (2001). Figuras de lo pensable (Las encrucijadas del laberinto VI). Fondo de Cultura Económica. México.

(*) Poeta español. Los besos que yo te di y Romance del acabose. http://rincondepoetasmajo.blogspot.mx/2011/07/jose-antonio-ochaita.html (Consultado el 15 de agosto de 2014)


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