18 Sep
“Queremos vivir sin temer por nuestras vidas”
Leído 413 veces | Publicado en Sociólogo
 
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Nos enseñan a cuidarnos de la violación
¿Por qué no les enseñan a ellos a no violar?
Los cuerpos de las mujeres no están para
ser manoseados, violados o asesinados.
¡Mi cuerpo es mío! Decimos todas.

El título de este artículo fue tomado de una pancarta hecha para una manifestación denominada feminista ocurrida el pasado mes de agosto en la Ciudad de México. El hecho que desencadenó las protestas fue la denuncia de una joven de 17 años contra cuatro policías, a quienes acusó de violación; por principio damos crédito a su palabra, porque la constante es poner en duda los dichos de las denunciantes y revictimizarlas. Pero el movimiento ha causado polémica por los estragos en espacios públicos y las pintas a El Ángel de la Independencia (o Ángela, porque tiene senos) que hizo un grupo minoritario, aunque nadie reclama cuando lo dejan lleno de basura y desechos en las celebraciones por el fútbol y otros.


Si solamente nos quedamos con las imágenes antes citadas perdemos la esencia del problema: se trató de una protesta impulsada por un movimiento legítimo, que con justa indignación exige una vida libre de violencias para las mujeres, violencias que son producto del predominio de la cultura patriarcal que fomenta la misoginia y la violencia machista, lo cual implica maltrato, injusticias, violaciones sexuales, desapariciones y en su máxima expresión los feminicidios, con la consiguiente indiferencia o minimización de estos hechos.


La marcha fue muy comentada en los medios, aunque no ha sido la única y existen actualmente varios registros de denuncias desde hace décadas, como las que se hicieron por los feminicidios en el Campo Algodonero en Ciudad Juárez (Chihuahua) allá por los años noventa; las violaciones sexuales de policías federales en Atenco (Estado de México) en la década del dos mil; las acusaciones en redes sociales sobre las violencias padecidas desde niñas, con #miprimeracoso desde 2016; en abril de este 2019 se reactivó el #metoo en redes sociales para decir que en los espacios públicos y privados no se tiene seguridad ni confianza y muchas contaron sus experiencias. Sin embargo, se dijo que el metoo tampoco era la forma de protestar, señalando que denunciar de forma anónima era un abuso, aunque las denuncias no eran anónimas, sino resguardadas, “Se trata de mentiras, que den la cara y las víctimas denuncien ante el Ministerio Público” se pedía ante el movimiento, incluso a una chica se le culpó del suicidio del líder de una banda musical. Metoo dio nombres y muchos datos que no llevaron a nada.


Podemos señalar que ha habido numerosas expresiones exigiendo erradicar las violencias contra las mujeres, pero como las participantes se “portaron bien” ninguna televisora cubrió las marchas. Esta vez lo hicieron con mayor fuerza y lo que más llamó la atención fue una provocación que se tradujo en el ataque de un hombre a un reportero que cubría el evento, no fue una feminista la golpeadora. Pero de nuevo la causa de las denuncias quedó en segundo término, pues los medios repetían una y otra vez el golpe dado al reportero dejando de señalar el origen de todo. Volvemos a observar cómo se busca deslegitimar la protesta, que pierda valor y se diluya. Decían “vean lo que causan estas mujeres violentas”, relegando el objetivo que se trataba de transmitir a las autoridades y ciudadanía. No se puede seguir protestando sólo en las redes y lejanas al entorno.


Vale aclarar que ser feminista no sólo atañe a mujeres sino a toda la sociedad, no obstante, predominan en el imaginario colectivo ideas cargadas de prejuicios, estereotipos y desinformación, lo cual limita nuestro pensamiento y se tiende a la manipulación en cuanto a las «feministas» y los feminismos, permitiendo a detractores criticar de forma destructiva, distorsionando los hechos y sin siquiera conocer a ciencia cierta todo su significado. Feminista es la persona que lucha por la igualdad económica, política y social entre mujeres y hombres y no tiene relación alguna con el nacionalsocialismo o nazismo (por aquello de las feminazis).


Como sociedad es imperioso darse cuenta que las marchas expresan el conocimiento que las mujeres tienen sobre su derecho a vivir sin miedo, lo cual no ocurre, de ahí la necesidad de mostrar el enojo ante la indiferencia e impunidad y hacer visible cómo ésta les afecta cotidianamente. Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señalan que “Suman 448 crímenes de mujeres por su género en lo que va del año” (Agosto-2019). Todas las violencias son graves, pero la mayor es el feminicidio “muerte violenta de las mujeres por razones de género (…), es la forma más extrema de violencia contra la mujer” según el CONAVIM (2019). Los estados con mayor violencia son: Veracruz donde se registraron 104 casos, Estado de México, 42 y Puebla, con 31, Chihuahua 25 víctimas y Nuevo León y Sonora, 24 casos en cada uno en este año. El resto se diseminó en todo el país. Puede haber más casos no denunciados o no tipificados como feminicidios.


En las cartulinas y mantas que se veían en la marcha, se denunciaba el hartazgo de aparentar que no pasa nada y en lugar de seguir callando se tomó la decisión de expresar con fuerza lo que está sucediendo, gritarlo a la sociedad y a las autoridades. Otra de las mantas decía “De regreso a casa quiero ser libre, no valiente”, pero el problema es que regresar a casa no siempre significa estar segura y con tranquilidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2016) la casa o el hogar no siempre es un espacio libre de violencias y todavía ahí la vida e integridad de una mujer puede estar en peligro; esta fuente reporta que la violencia que ejercen parejas, esposos, exnovios o exesposos contra las mujeres en México, es “severa y muy severa” en 64.0% de los casos; aunado a los testimonios de agresiones provenientes de familiares cercanos como tíos, primos, abuelos, y hasta hermanos y padres de la víctima, no se diga de padrastros, vecinos, amistades… expresados en registros.


Estamos conscientes de que la violencia contra las mujeres no empezó este año, tiene siglos, pero ahora hay mayor visibilidad. Esta afecta a todas las personas, nos atraviesa de diferentes maneras y es lamentable que exista la intención de restarle valor a las protestas, protestas de impotencia, indignación y de coraje. La demanda primordial era un ¡Ya basta de violencias contra las mujeres! Y ¡acabemos con la impunidad! el Estado debe garantizar los derechos de las personas. En diferentes medios de comunicación y en algunas instituciones de educación superior se hace énfasis en que ¡Fue el Estado! Y si fue él, si recordamos que este se conforma por: territorio, población y gobierno. Así que no sólo las autoridades tienen que cambiar, reeducarse, mirar de otra forma a las mujeres… sobre todo frente a las respuestas de la misma sociedad ante el movimiento, respuestas en una andanada de mensajes de odio por parte de grupos organizados con una visión muy machista que decían “Haz Patria, viola a una feminazi”. Todas las formas de protestar les parecen incorrectas, les exacerba nuestra violencia, y no ven que en esencia la disputa es por nuestras vidas.


Referencias:


Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres (CONAVIM, 2019).
https://www.gob.mx/conavim
Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016. Agosto 18, 2017. https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&q=endireh+2016+pdf
Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Incidencia delictiva.
https://www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/incidencia-delictiva-87005


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