31 Mar
Infidelidad y el niño que llevamos dentro
Escrito por Infidelidad
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Por: Infidelidad.com.mx

 

“La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.”

Nietzsche

 

Se dice que en cada adulto vive un niño que desea brillar con energías nuevas, que quiere estar entre sus padres, que piensa que los grandes son buenos, que los amigos merecen lo mejor, que desea la llegada de un mundo nuevo, que sueña, que juega, que ríe. Un niño escondido entre formalidades y protocolos, que tiene miedo de decir lo que siente, de romper con trajes fríos y con poses aburridas. (Pascual, 2009) 

 

Cuando las personas llegan a cierta cantidad de años tienden a caer en una serie de estereotipos acerca de lo que es ser grande, llegar a cierta edad implica para muchos, perder la juventud, porque ya no hay espacios para los juegos, algunos creen que crecer es sinónimo de decadencia, de debilidad, de muerte; que madurar es apaciguarse y resignarse a que el camino ahora es cuesta abajo, hacia la monotonía. Cuando esto sucede dejamos morir al niño que llevamos dentro y la vida pierde sentido.

 

Sin embargo, Eric Berne en su teoría de la personalidad, describe tres tipos de conducta ligados a otros tantos modos de pensamiento y sentimientos, entendidos como “estados del yo”, en los que distingue el estado “padre”, el estado “adulto” y el estado “niño”, es decir, que en cada persona existe un padre, un adulto y un niño que se manifiestan permanentemente en nuestras conductas.

 

  • El estado padre: Contiene lo que hemos aprendido de nuestros padres, cuidadores y otras figuras de autoridad. Se manifiesta principalmente cuando opinamos, aconsejamos, protegemos y actuamos según la tradición y siempre que operamos con poder y seguridad.
  • El estado adulto: Lo utilizamos cuando formulamos juicios, analizamos la información, reflexionamos, tomamos decisiones, calculamos posibilidades y actuamos según el criterio de la oportunidad.
  • Estado niño: comprende lo que sentíamos y pensábamos cuando éramos niños, incluye la forma de actuar típica de esa edad. Se muestra en la expresión y vivencia de las emociones, la intuición, la creatividad, la impulsividad y la curiosidad.

 

Estas tres formas de ser y estar permanecen dentro de cada individuo a lo largo de la vida y son necesarias para que la persona pueda desarrollarse en plenitud cuando estas están equilibradas.

 

Una vida emocional equilibrada requiere a la reivindicación de nuestro niño interior. Para poder recuperar a ese niño tan olvidado que vive dentro de nosotros debemos vivir las emociones, permitirnos sentir y aceptar nuestros sentimientos, desarrollar nuestra intuición, darle rienda suelta a la creatividad, no perder el sentido de la curiosidad, jugar por jugar, por el placer del juego en sí mismo, permitirse los sentimientos de indefensión, es decir, aprender a pedir, a buscar ayuda, a dejarse proteger y mimar y no desperdiciar los momentos para pasarlo bien, el único límite es el respeto a los otros y a nuestro equilibrio personal. (Revista Consumer)

 

Es malo dejar morir nuestro niño interno, y es perjudicial para nuestra salud y la convivencia diaria, sin embargo también existen aquellas personas que, por el contrario, no dejan morir nunca a ese niño, ni siquiera lo abandonan, personas que se rehúsan a crecer, cuyo niño interno los domina ya que hay algo en su vida de “adulto” que les da miedo enfrentar, y se justifican diciendo que cuando el mundo es manejado por otros, todo es más fácil. A estos adultos se les conoce como adultos infantiles o personas con infantilismo.

 

La palabra infantilismo se refiere al estado en el que persisten en el adulto diversas características infantiles, pero no hay que confundir este término, ya que existen cuatro tipos:

  • Infantilismo de Lorain, es un tipo de enanismo debido a una diferencia en la secreción de la hormona del crecimiento.
  • Infantilismo retrógrado, se caracteriza por atrofia genital y desarrollo de los caracteres sexuales secundarios femeninos en varones.
  • Infantilismo de Brissaud, es un desorden congénito causado por una disminución de las hormonas tiroideas durante el desarrollo fetal o en los primeros años de vida. Hay cretinismo y retraso mental.
  • Infantilismo psicosexual según Hirschfeld, consiste en la conservación del modo de ser mental de un niño, y existen cierta parentela con grados ligeros de debilidad mental.

Este último, infantilismo psicosexual es el que popularmente se conoce como Síndrome de Peter Pan, es decir, aquellos adultos que se niegan a crecer y adoptan actitudes propias de los niños.

 

Peter Pan es un personaje literario que esta condenado a ser joven por siempre, esto en el mundo de los adultos resulta ser una negación a la adultez y desgraciadamente cada vez son más las personas que recurren a sus vivencias pasadas para no enfrentar su vida de “adultos”.

 

El término Peter Pan ha sido aceptado por la psicología popular desde 1883 cuando Dan Kiley publicó el libro: “El síndrome de Peter Pan, la persona que nunca crece”, al que describió como el conjunto de características que tiene una persona que no sabe o no quiere renunciar a ser un hijo. Estas personas cuentan con escasa capacidad de espera, conductas de apego y limitaciones para asumir responsabilidades, conservan actitudes infantiles, suelen tener dificultades en todos los aspectos de su vida de relación, dado que sus respuestas no están de acuerdo a su edad cronológica, explica Laura Mariani, coordinadora del Centro Integral de Psicología Aplicada en Chile.

 

Este síndrome se caracteriza por la inmadurez de ciertos aspectos psicológicos, sociales y por acompañamiento de problemas sexuales. Algunos rasgos son la irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, dependencia, negación al envejecimiento, manipulación y la creencia de que está más allá de la sociedad y de las normas. En ocasiones las personas que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios, con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los grandes.

 

Es un trastorno neurótico, o acaso definidamente caracterológico. Uno de los ejemplos más conocidos de este síndrome lo tenía el cantante Michael Jackson (Q.P.D) quien empezó a desarrollar características de inmadurez, narcisismo y dependencia con una afición a Disney.

 

Sin embargo sería incorrecto etiquetar a una persona de enferma por identificarse con lo más profundo de su ser, ya que la percepción de la realidad que nos rodea con los ojos de un niño es fundamental para la realización personal.

 

El sujeto con este tipo de trastorno es renuente a toda modificación o a la mera comprensión de su infantilismo. El irresponsable mundo de la niñez, no quiere ser abandonado. Una hipótesis verosímil, ante estos pacientes, hace pensar en una infancia muy feliz, en la que se quiere permanecer para no enfrentar la incómoda aceptación de límites que el ingreso a la vida social adulta comporta de modo insalvable. Sea en la aceptación de normas, en la necesidad de trabajar sólidamente en un empleo, de esforzarse en estudiar para concluir una carrera, de forjar vínculos maduros en relación con los otros, en el orden de la amistad o del amor.

 

Es frecuente que haya crisis de ansiedad, de angustia y de depresión. El nido infantil es una inconsciente referencia a la que siempre apunta. Allí, no había problemas, y la nostalgia por el mismo es persistente, aunque no se lo declare. Afecta notoriamente a la autoestima y el auto-concepto, viéndose muy afectado. Se trata de hombres que no han aprendido la diferencia entre haber crecido y ser adultos. (García, 2005)

 

Por otro lado, también tenemos el síndrome de Wendy, el cual se manifiesta en una necesidad absoluta de satisfacer al otro, principalmente a la pareja y a los hijos. Esta conducta se da por miedo al rechazo y al abandono, y es más frecuente en mujeres que en hombres. A diferencia de la codependencia, este síndrome va de la mano con el síndrome de Peter Pan, ya que Peter Pan necesita una Wendy para que le haga todo lo que él no hace y se responsabilice de todo lo que él evite.

 

Según el psicólogo Jaime Lira, un Peter Pan es un hombre o mujer que no quiere crecer, que quiere ser niño para siempre, entonces se encuentra con aquel hombre o mujer que se encarga de hacer todo aquello que no hace el primero. El individuo, debido a su miedo al rechazo, al abandono, a no sentirse querido, busca exageradamente agradar a los demás. Siente una gran necesidad de aceptación y aprobación que le lleva a querer ser imprescindible, por lo que evita que los demás se molesten y se esfuerza en complacer sus deseos. Este individuo se siente imprescindible, entiende el amor como sacrificio, evita a toda costa que los demás se molesten intentando hacerlos siempre felices, insiste en hacer las tareas y responsabilidades de la pareja, siente la necesidad de cuidar al prójimo y termina por asumir el papel de padre o madre de su pareja.

 

El síndrome de Peter Pan y de Wendy no son cuestión de edad, pueden presentarse en personas desde los 20, 30, o hasta los 80, 90 años. Sin embargo, exhiben un desfase patológico entre su edad cronológica y su madurez afectiva. (García, 2005)

 

Regresando al tema del niño que no quiere crecer, este niño (a) puede ser su propia pareja, lo cual puede llegar a ser frustrante al compartir un proyecto de vida con alguien que es incapaz de sacrificar o apartar el hedonismo propio de la juventud. Además, es difícil que esa persona se haga consciente y acepte que tiene un problema de madurez. (Ribas, 2006)

 

Personas que nunca se marchan de la casa paterna, con la vida social propia de un adolescente, incluso pueden llegar a tener amistades y grupos mucho más jóvenes que ellos (Ribas, 2006). A estas personas les seduce más la juventud, que suelen idealizar, y al no querer crecer y no poder comprometerse como una persona madura, buscarán otra pareja más joven o varias parejas que los hagan sentir como cuando eran adolescentes, es por eso, que estas personas son blancos fáciles para cometer una infidelidad, ya que no tienen sentido del compromiso ni de la responsabilidad, carecen de límites y suelen culpar a los demás de sus actos.

 

Son personas que se centran en recibir, pedir y criticar, más que en dar o hacer, evitan comprometerse porque creen que el compromiso es un obstáculo para su libertad, suelen tener a su pareja que cubra sus necesidades básicas, pero viven centrados en sí mismos. Permanecen insatisfechos con lo que tienen, incluida su pareja y eso les da pie a seguir buscando alguien o algo que satisfaga sus necesidades. (Ribas, 2006)

 

Este padecimiento no es exclusivo de algunas personas, sino que es representativo de toda una generación, aquella que conforman personas entre los 30 y los 40 años. Esta generación se caracteriza por jóvenes sobradamente preparados, que nacieron a finales del “baby boom”, generación que paso de la televisión a blanco y negro al Play Station y a la alta tecnología cambiando su mundo de manera muy rápida y viviendo a través de la hostilidad y la falta de compromiso. Estos jóvenes adultos intentan adaptarse, pero para no fallar no quieren dejar atrás su vida de adolescente, de despreocupación y de diversión, pues piensan que han sido defraudados porque el mundo es injusto al no encontrar el país de nunca jamás con el que siempre soñaron. Muchos de ellos van de un trabajo a otro sin encontrar estabilidad, algunos siguen viviendo en la casa de los padres donde sigan cuidando de ellos (aún con pareja), y no se hacen responsables de las labores del hogar. Además, sienten cierto pánico al compromiso y al ser padres, y se pueden ver todos los fines de semana en restaurantes, bares y antros de todo el mundo, echando de menos los años 80´s. (Muñoz, 2009)

 

A estas personas también se les suele conocer como personas inmaduras. Se define inmadurez como el Insuficiente grado de desarrollo afectivo que puede darse en personas cronológica e intelectualmente adultas.

 

Para llegar a la madurez es necesario haber desarrollado la facultad de hacerse responsable de la propia vida. A medida que va creciendo, la persona va adquiriendo autonomía, así como criterios, valores y principios propios.

 

Por otra parte, Walter Riso explica que el apego afectivo o dependencia psicológica de la pareja es la base del problema de muchas relaciones. Este apego afectivo se manifiesta en personas muy celosas, están siempre vigilando, se enfadan con facilidad, son obsesivos. Aunque también hay otro extremo del apego que se manifiesta cuando la persona dice "no puedo vivir sin él / ella", " lo es todo para mí" es decir, ven la vida a través del otro. Ambos extremos son estresantes, desgastan la relación, la persona es víctima del miedo y algún tipo de incapacidad vital. Este tipo de personalidad se comprende a través de la inmadurez emocional que se manifiesta principalmente cuando hay poca capacidad de sufrimiento, poca tolerancia a la frustración y la ilusión de la permanencia. (Rafaela, 2008)

 

Implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida, generalmente incomodas o desagradables. Entonces una persona que no haya desarrollado la madurez o la inteligencia emocional adecuada tendrá dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre. (Tips familia, 2010)

 

En el amor hacia la pareja, cuando se es más inmaduro mas se apega o se aferra a una persona, “porque se cree que ese amor le dará la vida que uno mismo no se puede dar” se cree que “el verdadero amor consiste en que te amen, sin importar lo que tú puedas sentir”. Cierto es que cuando uno ama, el otro se vuelve importante en tu vida, pero cierto también es que “no debería ser el centro del mundo” por la simple razón que “nadie tiene ese privilegio”. (Tips familia, 2010)

 

Las crisis matrimoniales tienen entre sus causas más profundas la inmadurez de los cónyuges. La misma infidelidad, por ejemplo, se debe a una parte de la inmadurez que es la afectiva, como comentamos anteriormente, ya que una persona de 50 años puede tener la edad afectiva de un adolescente.

 

José Luis Díez Pascual, autor de “la Educación para la Diversidad" alude a la influencia de los padres, de los educadores y del ambiente, que pueden resultar perjudiciales, como "potenciar la comodidad, evitar todos los disgustos a los hijos o a los alumnos y darles todo lo que pidan inmediatamente".

 

La madurez intelectual llega antes que la afectiva, los profesores tienden más a enseñar a “hacer” que enseñar a “ser”. Esta metodología influye en el conocimiento, pero no facilita la madurez emocional. La gente inmadura está afectada de perfeccionismo. Se entrega al "hacer" y cuando "algo les sale mal se llenan de angustia". La madurez afectiva depende del ambiente en el que se educa, y si la persona asimila los criterios sobre el bien y el mal.

 

En base a esto, este mes nos hemos dado a la tarea de saber si la infidelidad es resultado de la educación brindada a los niños y jóvenes en la actualidad, o si el tipo de educación recibida influye implícita o explícitamente en las estadísticas sobre infidelidad.

 

Para esto, se realizó una encuesta a 200 personas entre los 22 y los 57 años, de los cuales 86 hombres y 114 mujeres contestaron diversas preguntas acerca de la educación recibida en México y su relación con la infidelidad.

 

RESULTADOS:

 

La primera pregunta decía: “¿Cómo afecta la educación recibida en casa a la vida en pareja?”, en donde la mayoría de las personas contestó que la educación, al ser una enseñanza de hábitos, valores y costumbres influye directamente en el comportamiento y las decisiones que tomes en la vida diaria el resto de tu vida. Los patrones aprendidos de los padres serán los que repitas o modifiques para la educación de los hijos y la convivencia con la pareja. La educación que se inculca en casa es un reflejo de lo que somos, es la manera en como logramos acuerdos, formas de pensar y respetar que pueden reforzar o debilitar una relación. Las personas proyectan la educación recibida en casa en la vida diaria, en el trato con los demás y en el respeto por las normas sociales. Por eso es muy importante la buena educación en casa para que en un futuro, esa buena educación sea heredada a las generaciones futuras en todos los sentidos, se puedan tomar mejores decisiones y exista un entorno más sano y con mayor comunicación en la pareja. Todo esto lo resume la frase: “lo que bien se aprende nunca se olvida”.

 

Después se les preguntó si la infidelidad se da por falta de educación, en esta pregunta 76 personas (38%) respondieron que la infidelidad si se da por falta de educación ya que con esta llegas a mejores acuerdos y sabes respetar y dar a tu pareja, sin educación la infidelidad sería más común y no dolería tanto, además de que una persona bien educada no sería capaz de faltar al respeto, a la confianza y al compromiso con su pareja y trataría de fomentar las buenas costumbres a sus hijos. Sorprendentemente, 124 personas (62%) contestó que la educación no tiene nada que ver con la infidelidad, justificando sus respuestas al decir que la infidelidad es una decisión propia y se da por falta de comunicación en la pareja, nada tiene que ver lo que te hayan inculcado, es sólo una forma de aprender de las experiencias, que existe gente educada que es infiel y que la infidelidad depende del criterio de cada persona y de los problemas que hay con la pareja.

 

Por último, se les preguntó que si las tasas de infidelidad disminuirían si las personas fueran más educadas, el resultado fue muy similar a la pregunta anterior, la mayoría de las personas (59%) contestó que no ya que son cosas muy aparte, que no influye una sobre la otra y nada tienen que ver, que la infidelidad es más una decisión propia que algo que se aprende o se enseña, mientras que sólo el 41% contestó que si disminuirían las tasas de infidelidad si la gente fuera más educada, ya que así tendrían respeto por su pareja, por su familia y por las personas a su alrededor, además de que darían buen ejemplo a otras personas y no romperían los compromisos con la pareja.

 

DISCUSIÓN

 

Como nos podemos dar cuenta, el niño que llevamos dentro es un factor muy importante en el desarrollo de las personas, ya que si este no existiera las personas vivirían en monotonía, no existirían las risas, los juegos, la creatividad y la diversión, sin embargo, el que vivamos con nuestro niño siempre también es perjudicial ya que de esta manera no atenderíamos los compromisos y las responsabilidades que conlleva el ser adulto, lastimaríamos a las personas que nos aman y el mundo sería un caos. Es por eso que se debe encontrar un balance perfecto entre la diversión y la obligación, entre las responsabilidades y las libertades que cada uno debe tener para poder alcanzar un crecimiento personal y llevar una vida plena, una vida en donde el respeto por uno mismo y los demás sea heredado a las generaciones futuras para que estas puedan establecer mejores relaciones de pareja y así se vea beneficiada nuestra sociedad.

 

También nos podemos dar cuenta de que la mayoría de las personas no creen que la educación inculcada en casa este relacionada con la infidelidad, sin embargo hay que reflexionar cuidadosamente que se le esta enseñando a los hijos, para que cuando estos tengan que cometer sus propios errores no involucren a las personas que los aman.

 

REFERENCIAS:

• Arroyo Aguilera, Cecilia (2010). “La infidelidad es reflejo de inmadurez”. [Disponible en Red]

http://www.elsur.cl/edicion_hoy/secciones/articulo.php?id=81338

• Castillo Córdoba, Genara. (2008) “Inmadurez y divorcio” [Disponible en Red]

http://www.dircom.udep.edu.pe/articulos.php?art=2150 • Dolce, Gregorio (2008). “El karma de Peter Pan, adultos infantiles” [Disponible en Red]

http://www.eldia.com.ar/edis/20080420/revistadomingo39.htm

• García, Carolina. (2005) “El síndrome de Peter Pan: cuando los seres humanos no quieren crecer”. [Disponible en Red]

http://www.parasaber.com/salud/psicologia/trastornos-psicologicos/de-personalidad/articulo/peter-pan-miedo-crecer-inmadurez-emocional-sindrome-seres-humanos-quieren/20585/

• Kiley, Dan, Dr. (1983) “The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up”. ISBN 0-396-08218-1

• Muñoz Álvarez, Ana. (2009) “Generación Peter Pan” [Disponible en Red]

http://www.revistafusion.com/200911131236/Opinion/Opinion/generacion-peter-pan.htm

• Pascual, Fernando. (2010) “El niño que llevamos dentro” [Disponible en Red] www.catholic.net

• Rafaela (2008) “Inmadurez emocional en una relación de pareja” [Disponible en Red]

http://www.terapiaderafaela.com/2008/11/inmadurez-emocional-en-una-relacin-de.html

• Revista Consumer. (1998). “Los adultos también juegan” [Disponible en Red]

http://revista.consumer.es/web/es/19981201/interiormente/31905.php

• Ribas, María Jesús. (2006) “¿Tiene su pareja el síndrome de Peter Pan?” [Disponible en Red]

http://tuvida.aol.com/parejas/vidaenpareja/canvas/_a/tiene-su-pareja-el-sindrome-de-peter-pan/20061204174909990001

• Tips Familia (2010) “La inmadurez emocional” [Disponible en Red]

http://tipsfamilia.com/2010/03/18/la-inmadurez-emocional/

• Toso, Marcela. (2008) “Inmadurez emocional, inseguridad, y la eterna adolescencia” [Disponible en Red]

http://mx.globedia.com/inmadurez-emocional-inseguridad-eterna-adolescencia

• Wikipedia (2010). “Infantilismo”, “Síndrome de Peter Pan” Síndrome de Wendy” [Disponible en Red]

http://es.wikipedia.org/wiki/Infantilismo

 

 

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