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02 Dic
La fisonomía del egoísmo y 5 curiosidades de la psicología
Leído 3633 veces | Publicado en ¿Sabías qué...?
 
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Existe un comportamiento muy común entre nosotros: el de justificar las carencias y atribuirlas a causas artificiales. Es decir, que cuando nos hayamos sumergidos en una problemática luchamos contra nuestra voluntad para aprobar lo que hacemos, aunque en ocasiones no tenga pies ni cabeza. Por ejemplo, cuando actuamos impulsivamente y buscamos una explicación racional que nos remueva de la responsabilidad de una catástrofe emocional. En tales ocasiones optamos por un simple “perdón, estaba muy enojado, no medí las consecuencias, hoy fue un mal día…”

en vez de reflexionar acerca de las verdaderas causas mediante la introspección. En pocas palabras descargamos nuestro enojo en alguien más sin siquiera preguntarnos qué fue lo que lo causó. ¿No será que tenemos miedo a mirar hacia nuestro abismo interior y no nos atrevemos a nombrar lo innombrable? ¿Qué tanto estamos dispuestos a saber de nosotros, a conocer nuestra sombra?


Los esfuerzos del ser humano por conocerse se encuentran grabados en las humanidades y la ciencias. Sin embargo, la disciplina que más le ha dado soluciones respecto a su “abismo interior” es la psicología, pues ésta se encuentra presente en el núcleo de todas las actividades humanas, desde las relaciones interpersonales hasta la administración de empresas y la educación. Además, es un campo multidisciplinario que busca comprender los mecanismos básicos que influyen en las ideas, los sentimientos y el razonamiento. No obstante, para bien o para mal el camino que hemos recorrido es poco comparado con lo que todavía no sabemos que no sabemos. Múltiples cuestiones permanecen en la oscuridad: la naturaleza de consciencia, la codificación de las emociones, los estímulos y la interiorización de posturas antagónicas por mencionar algunos ejemplos. Debido a esto hoy te traemos un artículo que aborda algunos de los temas más complejos de la psicología.


¿Qué es la consciencia?

Estoy solo y no hay nadie en el espejo.
Jorge Luis Borges


La consciencia es un concepto muy difuso y complicado, actualmente ni siquiera sabemos con precisión dónde se localiza, o si es que realmente tiene un centro biológico en el cerebro, aunque distintos estudios han comprobado que un paciente puede sufrir daños cerebrales graves y aún así conservar parte de su consciencia. Al parecer ésta se encuentra distribuida en toda la red neuronal, como si fuera un fractal que se repite en distintas escalas del cerebro. Por otra parte, los últimos descubrimientos de la neurociencia experimental proponen que la consciencia es un epifenómeno de la actividad cerebral, es decir: un fenómeno que acompaña a la actividad normal del cerebro, pero que no tiene influencia sobre ella (por ejemplo una herida te produce dolor, pero no es el dolor el causante de la primera). Las investigaciones continúan en distintas líneas de trabajo interdisciplinario, como la inteligencia artificial, la fenomenología en la filosofía y la psiquiatría, pero apenas estamos acariciando la punta del iceberg.

Desde que por primera vez Cicerón utilizó el término en el año 500 a. C., hasta los últimos desarrollos de la neurociencia cognitiva, la definición de la consciencia nos ha robado el sueño. Sin embargo existen tres nociones bastante aceptadas tanto en el contexto cotidiano como en él académico.


a) Consciencia fenomenológica: Es la experiencia intuitiva, evidente y sensorial que cada persona tiene acerca del mundo y de sí misma. Lo que estás percibiendo ahora frente a la pantalla es una parte de tu consciencia fenomenológica. El mundo tal y como es en sí, trasciende tu consciencia porque lo que vives es de acuerdo a tu subjetividad, el mundo para sí según la filosofía kantiana.

b) Consciencia de acceso: Se refiere a la capacidad que tenemos para utilizar racionalmente los conceptos e ideas que obtenemos a partir de la consciencia fenomenológica. Por esta razón aquellos conocimientos que no podemos utilizar y permanecen ocultos, son denominados subconscientes o inconscientes. Es posible ampliar tu consciencia de acceso a través de la meditación y la práctica de sueños lúcidos.

c) Consciencia moral: Es la facultad que nos permite tomar decisiones de acuerdo a nuestra perspectiva del bien y el mal. Gracias a esta consciencia podemos experimentar la libertad y a la vez asumir responsabilidad sobre nuestros actos, a través de la educación y la asimilación del contexto social.

A partir de estas definiciones podemos considerar que algunos animales son conscientes, pues la consciencia, en su concepción más simple, no requiere de un lenguaje o manipulación simbólica (como en la consciencia de acceso), sino únicamente de la idea del propio ser con su entorno.

¿Para qué nos sirven las emociones?

La razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones.
David Hume

La comunicación es un rasgo esencial en todo ser vivo, y por más limitada que ésta sea, escencialmente constituye un esfuerzo evolutivo por responder al entorno. Conectar las distintas partes de un grupo de organismos es necesario para la supervivencia de su especie.

En su definición más sencilla, las emociones son reacciones fisiológicas que nos permiten evaluar la situación y actuar. Son señales que facilitan la interacción social a través del reconocimiento de expresiones faciales (lenguaje no verbal) y permiten la activación de sistemas de alerta, por ejemplo: la secreción de adrenalina ante situaciones de peligro o amenaza.


Por otra parte, la fenomenología de la emoción es muy distinta a la definición científica (que sólo la considera como una reacción biológica), puesto que cada persona percibe de manera distinta el miedo, la alegría y la culpa. Esto está relacionado a la forma en la que interpretamos los estados biológicos a partir de lo que creemos y valoramos. Por lo tanto, es importante reconocer las emociones de uno mismo, porque de esta manera, aunque no podamos controlar lo que sentimos, sí es posible evitar problemas interpersonales. Así que después de un mal día no pierdas la cabeza, relájate y detecta la raíz de tu emoción.


La obediencia a la autoridad

Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.
Jean Jacques Rousseau


Después del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, Adolf Eichmann, uno de los responsables directos del genocidio en los campos de concentración, fue juzgado por sus actos. Sorpendentemente su respuesta a la acusación se basó en un argumento bastante ingenuo: “Tan sólo obedecía órdenes”. Cualquiera pensaría que es una broma, y que el señor Eichmann no tiene vergüenza. ¿Pero no será la situación a la que nos exponemos y no el tipo de persona y sus valores lo que determina la acción que se va a tomar? La psicología tiene mucho que decir al respecto de la obediencia.

Durante el siglo XX, Stanley Milgram realizó un experimento con el fin de evaluar la obediencia en personas normales de la población estadounidense, y descubrió que eran perfectamente capaces de aplicar descargas eléctricas a un hombre inocente por el hecho de ser incapaz de memorizar dos palabras relacionadas entre sí.

Estudios posteriores retomaron el experimento de Milgram y concluyeron lo siguiente:

a) Los rasgos de la personalidad no tienen correlación fuerte con la obediencia.
b) Las personas religiosas tienen más posibilidades de obedecer en experimentos similares.
c) Los participantes obedecen menos cuanto más lejos están de la autoridad.
d) La obediencia de los compañeros incrementa la obediencia de uno mismo. La rebeldía de los otros reduce la obediencia.
e) Los participantes tienden a obedecer más cuando las que dan las órdenes son percibidas como autoridades legítimas.


El hallazgo más relevante del experimento de Milgram se encuentra en que la obediencia no requiere que los voluntarios dejen de hacer su voluntad para seguir la de la autoridad, sino que ésta tenga el poder y/o la influencia necesaria para convencer a los participantes de que tienen una obligación moral para continuar. Entonces no es extraño que Eichmann haya dado esa respuesta, pues los líderes Nazis justificaban sus acciones en un nacionalismo desmesurado, la superioridad de la raza aria. Hacían lo correcto conforme a su ideología, aunque desde la perspectiva global es considerado un movimiento de obediencia ciega.


Disonancia cognitiva

Ser o no ser, esa es la cuestión.
William Shakespeare


La mayoría de nosotros somos maestros en el arte de la autojustificación. Hasta parece que entre más sabemos, más herramientas tenemos para esconder nuestra debilidad e ignorancia. No importa cuán extrañas sean nuestra acciones, al final siempre tenemos una explicación. La incoherencia es una motivación poderosa.

El caso más común de lo anterior ocurre cuando nos encontramos en una situación incongruente que se opone a nuestras creencias. En ese momento no sabemos si sentirnos culpables por nuestro comportamiento, o cambiar nuestra actitud. Lo más común según la psicología es que modifiquemos lo que creemos en vez de nuestros actos. Parece que tendemos a la consonancia, no toleramos la disonancia cognitiva, lo que quiere decir que procuramos hacer lo que pensamos y pensar conforme a lo que hacemos: “Fumar no es tan peligroso, tengo un tío que fumaba 2 cajetillas diarias y falleció felizmente a los noventa años”.

La disonancia cognitiva es muy común durante las compras. Ocurre cuando no podemos decidir entre dos productos, porque ambos proveen beneficios similares y sólo nos es posible obtener uno. Procedemos a comprar cualquiera de los dos y justificamos nuestra acción con alguna de las virtudes del producto, o en otro caso, con el dinero que gastamos. Sin embargo, el área de marketing de las empresas se esfuerza por minimizar la disonancia cognitiva del comprador a través de servicios de post-compra, de esta forma es más fácil que el comprador se sienta más seguro al comprar y evite invertir tiempo en elaborar una justificación.

Paradójicamente, la disonancia cognitiva es menor cuando la fuerza que nos obliga actuar de cierta manera es mayor. Por lo tanto, si no nos queda de otra más que obedecer a la autoridad, podemos responder tranquilamente como Adolf Eichmann. El conflicto aparece cuando tenemos más libertad para elegir.


La fisonomía del egoísmo

La contienda tiene otro nombre: el individuo contra la colectividad.
Ayn Rand

¿Existen las acciones desinteresadas?. No es extraño que esperemos algo a cambio por todo lo que hacemos, aunque no necesariamente sea algún objeto material. La economía del intercambio parece ser la regla. Por ejemplo en una relación de pareja cada parte busca el deseo y el afecto del otro. Sin embargo también sabemos que hay personas que se diluyen en nobles causas altruistas, heroes osados y portadores de la paz. No tenemos que ir tan lejos para apreciar esta actitud, Wikipedia es una enciclopedia gratuita, mantenida por usuarios que solamente buscan aportar valor a la sociedad. La acción de compartir es placentera en si misma.

La psicología ha realizado diversos estudios acerca de la naturaleza del egoísmo. En uno de ellos comprobó que las personas que tienden al altruismo son aquellas que en su mayoría han padecido experiencias traumáticas. La ayuda “desinteresada” funciona como un mecanismo de sanción emocional. Algunos psicólogos freudianos consideran que el altruismo es un impulso negativo, un síndrome neurótico para superar la ansiedad y los sentimientos de culpa y hostilidad. Según esto el buen samaritano enmascara su agresión al manifestar actitudes de ayuda.

De acuerdo con el pensamiento de Erich Fromm el egoísmo no es idéntico al amor a si mismo. Porque la persona egoísta sólo desea placer para si misma y no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. El autoamor es un paso necesario hacia el altruismo. ¿Si uno no puede darse el afecto que merece cómo se puede esperar que se lo dé a los demás?

Por otro lado en estudios transculturales se ha observado que generalmente las personas provenientes de culturas de carácter colectivo son más altruistas que las pertenecientes a culturas individualistas. Aquí hay un gran debate político acerca del sistema más efectivo de acuerdo a la naturaleza del ser humano, ¿Es hedonista o utilitariasta? ¿Piensa solamente en su placer, o también en maximizar el beneficio de los otros?


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