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05 May
Los trastornos mentales que podemos sufrir después de terminar una relación
Leído 2734 veces | Publicado en ¿Sabías qué...?
 
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Durante el 2004 un filme motivó más de una discusión entre parejas. En cada una de las salas donde se proyectó esta cinta, las reacciones fueron las mismas. Enternecimiento, una leve sonrisa dibujada en el rostro, las manos en el pecho y una pregunta mordiéndonos los labios: ¿cuánto daño estás dispuesto a soportar para olvidar a un gran amor?

Éste fue el cuestionamiento que el director Michel Gondry sometió al escrutinio en su cinta “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” (2004). Un filme en el que Joel (Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet) experimentan los estragos del amor, luego de una ruptura que arrastró a los dos hacia una vorágine de imprecisiones y melancolía que fue destruyéndolos poco a poco.

Con el transcurso del tiempo “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” se convirtió en una película de culto. Uno de esos placeres que se disfrutan sin aspavientos ni mayores escándalos. ¿El motivo? La recreación de una escena constante en la vida de cualquiera que se haya enamorado, aquel desastre emocional que deja tras de sí el ciclón de una ruptura amorosa.


Fuera del cine y para todo lo que creíamos no existía ninguna explicación, la psicología y la medicina identificaron una serie de problemas físicos y condiciones mentales vinculados a la separación. La depresión, ira, ansiedad y el temor son algunos de los efectos experimentados por quienes ya no se encuentran juntos. Estos descubrimientos han hecho que nos preguntemos si es posible que todos los problemas emocionales y psicológicos siempre estuvieran dentro de ti todo este tiempo y tu ruptura amorosa sólo llegó para detonarlos.


Uno de los trastornos emocionales más comunes entre aquellos que tienen una ruptura amorosa es la ansiedad. Un malestar caracterizado por un nerviosismo frecuente, taquicardia, mareos, un dolor punzante en el pecho y sobre todo una angustia constante… ¿En verdad las rupturas propician todos estos efectos?


Actualmente la comunidad médica no ha logrado establecer las características que hacen de la angustia uno de los mayores padecimientos del siglo XXI. Sin embargo, sí localizaron las similitudes biológicas que comparten los pacientes con bipolaridad, tales como: una producción excesiva de cortisol (hormona del estrés), una mayor actividad en las regiones del cerebro relacionadas con el movimiento y las relaciones personales, así como una disminución de actividad en las regiones del cerebro vinculadas con el funcionamiento cognitivo.


De esta forma la bipolaridad y la ansiedad son definidas como padecimientos transmitidos genéticamente de padres a hijos. Es decir, los genes determinan si somos más propensos a sufrir un ataque de ansiedad o depresión luego de una ruptura amorosa. Las lágrimas, los reproches, la autocompasión, los gritos e incluso la furia no son consecuencia de ese hombre o esa mujer que decidió marcharse; sino los demonios que nos heredaron nuestros padres.

Por otra parte, la ira y el temor se desprenden de la percepción alterada que resulta de una separación. Las causas que detonan un estado de furia y pánico después de una ruptura amorosa, son muy similares a las que se manifiestan durante un desorden emocional o psicológico.


Al respecto, la Asociación Americana de Psiquiatría destacó en su “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (DSM), que el enamoramiento no figura como una condición médica, aun así cada una de las implicaciones físicas que éste genera sí se presentan como patologías clínicas.

Los eventos estresantes de la vida son otra de las causas que pueden desencadenar una psicopatología. Entre las personas más vulnerables a padecerlas destacan los adolescentes, los adultos mayores y las mujeres embarazadas. Un segmento de la población que nada tiene que ver con la histeria propia del enamoramiento. Sobre todo, porque el criterio del DSM señala que para considerar un comportamiento como un trastorno, es necesario que éste cause una angustia clínicamente significativa o bien, un perjuicio en lo social, laboral y otras áreas. De no existir este tipo de padecimientos, el amor, la relaciones y los finales inesperados no serían más que parte de una experiencia desafortunada y pasajera.

Finalmente, el escritor y psicólogo británico, Frank Tallis, asegura que sin importar si el amor y sus rupturas son contempladas como una enfermedad o no, este sentimiento siempre verterá cierto veneno en los seres humanos: “Cuando se abre la caja del amor, algo que se identifica con una enfermedad aparece de manera invariable”.


El final de una relación amorosa supone una crisis y cada persona la afronta a su manera. Nadie está exento de sufrir el dolor de un corazón roto. Sin embargo, allí donde algunos miran un páramo desolado, otros encuentran la oportunidad idónea para reinventarse y salir adelante con un aprendizaje que los fortalece.

Al final del día nada está escrito. Somos seres fugaces.


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