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01 Dic
Sólo necesitas ver cómo discute para saber cómo será la relación
Leído 3322 veces | Publicado en ¿Sabías qué...?
 
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La única vez que discutí con una mujer, ni siquiera hablé. Sentados, uno frente al otro, estábamos esperando al mesero cuando comenzó a reñirme: “Llegaste tarde. No, llegaste más que tarde. ¡Llegaste estúpidamente retrasado!”. Después de escucharla, su imagen comenzó a desarticularse frente a mis ojos. Como si se tratara de una fotografía mal enfocada, arruinada todavía más por el sonido de sus palabras, estrellándose contra mis oídos.


Espera, no fue intencional. Ya te dije que tuve un pequeño contratiempo, pero lo lamento. Sabes que no soy impuntual. Sólo que hoy no pude impedirlo, respondí, en un acto mecánico de defensa por intentar que no se molestara más. “Y yo aquí, esperándote. Yo jamás había esperado por nadie. A mí me esperan. Yo llego tarde. No tú. ¡Tú no puedes hacer eso!”, y al terminar su expresión, tomó una cucharilla para café y la lanzó contra mi cara.

Apenas logré esquivar el disparo. Aturdido por sus palabras, no daba crédito a lo que estaba pasando. Durante las semanas que llevaba conociéndola, jamás había mostrado una actitud similar. ¿Sabes?
Entiendo tu incomodidad, pero no me gustan las cucharillas de café… Intenté ser gracioso. “¡Cállate!”, dijo. Ya no quiero comer. Llévame a mi casa. Sus ojos eran dos flechas suspendidas contra mis movimientos. Sí, está bien. Vamos. Respondí, pero sabía muy bien que no volvería a salir con ella.


¿Discutir o correr?

Las discusiones en pareja son situaciones frecuentes y necesarias. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Michigan, y publicado en la revista Journal of Family Communication, el índice de mortalidad de las personas que no discuten con su pareja es dos veces superior, con respecto al de alguien que contiene sus palabras y deja pasar el momento. Sería tan sólo el inicio del final.

SÓLO necesitas ver cómo discute para saber cómo será

El estudio, aplicado a 192 personas y estudiadas a lo largo de 17 años, arrojó que, generalmente, son cuatro los escenarios posibles de discusión: a) cuando ambos se comunican con furia, b) cuando uno de los dos se expresa, c) cuando uno de los dos se reprime y, por último, d), cuando ambos se resisten a discutir y dejan pasar el momento.

¿El que calla abandona?

Ernest Harburg, responsable de la investigación, señaló que lo verdaderamente grave en una discusión es no tenerla. Ignorar una situación de desacuerdo entre ambas partes supone un grado de desinterés que, si se replica, conduce la relación a su final. Básicamente, no hablar las cosas, las sepulta. Así comienza el “poder del desprecio”.


John Gottman, profesor emérito de la Universidad de Washington, estudió a más de 3,000 parejas desde 1980. Luego de realizar observaciones detalladas de las causas y reacciones de las discusiones más habituales entre la pareja, concluyó que la reacción más dañina para la pareja es aquella que proviene de una actitud de desprecio.

“Responder desde un lugar de superioridad, aún cuando no se tiene la razón, hace disminuir al otro hasta hacerlo sentir excluido. Lo que ocasiona un impacto doloroso en quien lo experimenta y tiene implicaciones en su sistema inmunológico. Lo que permite el surgimiento de resfriados o dolores corporales”

Decir las cosas, el mejor tratamiento

No obstante, las discusiones también pueden mejorarse. La mejor alternativa es hablar con franqueza y sinceridad de nuestros sentimientos. El doctor Gottman recomienda conversar con la pareja, no tanto del problema, sino de las emociones y sentimientos detrás del problema. Es importante, asegura, dejar de lado cualquier actitud de desprecio e identificar si uno de los dos tuvo una actitud hiriente, para enmendarla también al aclarar las cosas.

Si se desea una relación perdurable, lo mejor es hablar las cosas que no nos agradan. Siempre con honestidad y respeto. Si bien es cierto, durante las discusiones o malentendidos hay reproches y desacuerdos, también es importante hacer halagos y reconocimientos a la pareja, porque de esta manera se fortalecen los lazos entre ambos. No todo es discutir, ni hacer más grande una situación que puede resolverse al conversar.
La solución está en la comunicación.


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