26 May
Matrimonio en soledad
 
Mi nombre es Valeria, tengo 40 años, llevo casada 20 y acabo de descubrir que mi esposo me es infiel. Todo empezó hace apenas dos meses, cuando las conductas empezaron a cambiar, de por si nuestra vida de pareja ya se estaba enfriando cuando empecé a notar esos cambios de actitud, primero ya no había detalles, ya no teníamos esos momentos de platicas extensas, él sólo quería dormir, o ver la tele, e incluso había veces en las que discutíamos por cosas sin sentido.  

Después empezó a llegar tarde del trabajo, a irse más temprano de lo usual, a regresar de mal humor, como si yo fuera la culpable de que él tuviera que trabajar horas extras, cuando ni siquiera habíamos cambiado nuestros hábitos. Un día, yo consternada por esta situación le pregunté porque se habían acabado los detalles, es decir, porque ya no había recados, flores, chocolates, todos esos pequeños detalles que habían marcado nuestra relación, y él me dijo que ya no los tenía porque ahora los sentía como una obligación y entonces él no se inspiraba así, a lo que yo, sorprendida, sólo pude callar, y decidí no presionar más con la firme esperanza de que los detalles que tanto significaban para mi, pues yo los tenia hacia él volvieran. Después comenzaron las llamadas extrañas donde él, bajo el pretexto de tener que hablar de negocios se salía de la habitación hablando en voz baja para no ser escuchado, yo ya no sabía qué hacer para atraer su atención, le cocinaba los platillos predilectos, me arreglaba para él, ya nada bastaba, al momento de la intimidad siempre había pretextos; días pesados, pocas ganas. Cada día nos distanciábamos más y más.  Fue entonces cuando me di cuenta, que todo estaba perdido y no sabía que había hecho mal, pero cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que el error no había sido mío, era de él, pues un día al llevar un saco a la tintorería, encontré en uno de los bolsillos una servilleta con un beso. Mismo que obviamente no era mío. Al pedirle cuentas a mi esposo, se limitó a  decir: “hay mujer ya no veas tanta novela que ya estas imaginando cosas, déjate de tonterías que la pude haber agarrado de cualquier lado, ya vez lo distraído que soy”.

Y así siguieron las conductas raras, las llamadas, las horas extras en el trabajo, hasta que un día ya pasadas las 2 de la mañana decidí llamar a su trabajo, para ver si estaba bien. La llamada automáticamente fue direccionada a la oficina de seguridad donde me informaron que el último en irse había salido a las 8 de la noche como de costumbre y que de mi marido no sabían nada.  Dieron las 3 y nada, a las 6 de la mañana llegó, con el saco arrugado, diciendo que apenas iba saliendo del trabajo que se habían quedado preparando un proyecto que debían presentar a los socios accionistas para el siguiente lunes, y que se disculpaba por no llamar pero se había quedado sin batería en el celular, y en la sala de juntas no había líneas.  Yo obviamente le reproche tal mentira a lo que él contestó que estaba harto de mi, de sentirse vigilado noche y día, que yo era una posesiva y que prefería mil veces estar solo que conmigo. Yo pregunté que si realmente era que prefería estar solo o que si lo que quería era estar con alguien más,  a lo que él contestó que ya era hora de decirme la verdad, y así fue que confesó tener una amante. Una mujer de verdad, que si entendía sus necesidades como hombre y que prefería irse de una vez con ella. Yo no tuve mucha opción, preferí dejarlo ir a seguir pisando mi dignidad por un hombre que ya no me amaba desde dios sabrá cuanto tiempo.  Así concluye mi historia, ahora me doy cuenta de que hacía mucho tiempo que estaba sola aun teniéndolo a mi lado…

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar