Abuso sexual: conciencia y culpa.


Hablar de violencia sexual es referirse al abuso sexual al cual un niño o niña puede estar expuesto. Existe abuso sexual cuando un niño mayor o un adulto, obliga al contacto sexual;

situación que desafortunadamente es más frecuente de lo que familiares, docentes y mayoría de adultos considera. Entre un 20% y un 30% de la población escolar sufre de abuso sexual, provocado por un compañero mayor a él.

La Unicef señala que: “La violencia sexual contra los niños es una grave violación de sus derechos. Sin embargo, es una realidad en todos los países y grupos sociales. Toma la forma de abuso sexual, acoso, violación o explotación sexual en la prostitución o la pornografía. Puede ocurrir en los hogares, instituciones, escuelas, lugares de trabajo, en las instalaciones dedicadas al viaje y al turismo, dentro de las comunidades, en contextos de desarrollo y de emergencia e internet y telefonía móvil”.

El abusador utiliza fuerza física, soborno, intimidación, trucos, la falta de conocimientos del niño, sus necesidades afectivas entre otros. Esta persona puede ser algún compañero mayor, a quien el niño/a conoce y aún quiere.

Existe abuso cuando se viven los siguientes actos:

• Caricias en sus genitales.

• Convencerlo de acariciar los genitales del abusador.

• Contacto de los genitales del niño con la boca.

• Penetración vaginal o anal en el niño.

• Enseñar los genitales al niño.

• Mostrarle pornografía.

• Utilizar al niño como modelo para hacer pornografía.

Comportamientos de un niño con posible Abuso Sexual:

• Un temor reciente y obvio hacia un compañerito de la escuela o de un adulto (incluyendo a un padre), o a ciertos lugares.

• Una reacción no normal ni anticipada cuando se le pregunta si alguien lo ha tocado.

• Dibujos que él/ella elabora donde se muestran actos sexuales.

• Cambios de comportamiento repentinos, tal como el orinarse en la cama o pérdida del control de las evacuaciones.

• Una conciencia repentina de los órganos genitales.

• Actos y palabras sexuales compartidas con otros niños o animales.

• Preguntas sobre la actividad sexual que no son apropiadas para su edad.

• Cambios en los hábitos de dormir, tal como pesadillas en los niños pequeños.

• Estreñimiento o el negarse a evacuar.

Las señales físicas del abuso pueden incluir:

• Dolor, enrojecimiento o sangre en el ano o los órganos genitales.

• Una secreción inusual del ano o la vagina.

• Enfermedades de transmisión sexual, tal como la gonorrea, clamidia

• verrugas genitales

• Frecuentes infecciones urinarias en las niñas

• El embarazo en las jóvenes.

Si el niño comunica o intenta decir que sufre de este tipo de violencia se le debe de escuchar atentamente; no se debe ignorar o minimizar sus sentimientos dado que esta actitud puede llegar a generar alteraciones en su desarrollo psíquico y mantendría el abuso por tiempo prolongado.

Se debe hacer frente al problema, plantearle al niño que él no es culpable; si como padre se enoja, debe hacerle notar que el enojo no es contra él y se le ayudará y apoyará. Debe enfatizar su valentía al expresarlo, y ese temor es normal, lo esperado es que se le llegue a pasar, en especial si fue un familiar o amigo cercano.

Se debe proteger al niño contra más abuso, plantearlo con un pediatra y un psicoterapeuta para recibir el apoyo adecuado para la crisis y después de darle estos cuidados al menor es de suma importancia reportarlo a la autoridad.

Fuente*

Abuso Sexual. Documento editado por SEP, Gobierno Federal.

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