Hombres maltratados


Después de quince años de matrimonio, y de recorrer varios especialistas; médicos de clínica general, neurólogos, oftalmólogos, e infinitos chequeos etc, Antonio se atrevió a consultarme.

“Me envían los médicos…me dijo. Mi mujer cree que sólo estoy inventando síntomas físicos”.

Cuando indago en su historia percibo que este hombre es víctima de maltrato psicológico por parte de su mujer, y que esta situación prolongada en el tiempo impactó de manera negativa sobre su identidad y su bienestar psicofísico.

Antonio sufre a sus 45 años de difusos malestares físicos, como dolores de cabeza, de nuca, un zumbido permanente en sus oídos que según decía lo ponían muy nervioso y hacía que su trabajo tuviera que ser interrumpido por largos minutos en donde se mareaba y sentía que su visión era borrosa…Debido a estos síntomas recurrentes es que migra de un especialista a otro.

Comenta que su esposa es muy bonita, que se casó muy enamorado y ella es excelente ama de casa, todo en su casa está limpio, cuidado y atendido como corresponde.

Además, acota, que su mujer es una “perfecta madre” de sus dos hijos adolescentes, y que durante la crianza de los mismos ella “autorizaba” a que durmieran en el medio de ambos, en la cama matrimonial, razón por la cual se dificultaban y se evitaban las relaciones sexuales entre ellos.

Este uso que hace su esposa de los jóvenes como tabique- separador de manera intermitente hizo que Antonio se sintiera una y otra vez desplazado y con poca validación no solo en su rol de hombre, sino también en su rol de padre ante la mirada de sus hijos, ya que me dijo que su esposa [que había sido maestra en un kínder, con experiencia exitosa] seguramente sabía lo que hacía en “estas cosas” ya que él no tenía mucha noción de psicología, ni de educación.

La convivencia se hacía cada vez más intolerable, pues ella siempre malhumorada apenas si le dirigía la palabra y, a pesar de que Antonio le hacía obsequios costosos e importantes, parecía ser que él nunca le atinara e hiciera lo que hiciese, sentía que no la iba a dejar ni conforme, ni feliz.

Después de un año de tratamiento llegamos a la conclusión que efectivamente había sufrido largos años de maltrato por parte de su mujer que podía resumirse en: DEGRADACION ya que se redujo su autoestima, habiendo creado dependencia hacia ella, y convenciéndose a sí mismo ser merecedor de ese maltrato; PRIVACION limitando cada vez más la posibilidad de satisfacer las necesidades sociales, personales, separándose de todos los amigos, y o familiares no pudiendo frecuentar en reuniones o fiestas; CONFUSION que provocó en Antonio una distorsión de la realidad subjetiva, creándole sensación de duda constante, y temor a ser abandonado .Además reconoció sufrir de una VIOLENCIA SILENCIOSA, que traspasaba los límites de la pareja ya que la desautorización de su palabra frente a sus hijos fue vivido por él como algo sumamente agresivo y perjudicial para el propio crecimiento de ellos.

Esta violencia silenciosa lo hacía sentir responsable y culpable de todas las frustraciones y problemas de su mujer a punto tal que llegó a decirme: …” ahora que le comento a Ud. una y otra vez esta situación no puedo creer que mi mujer me hiciera tanto daño, menos aún porque yo pensé que me casé para toda la vida, y creía que ella era todo para mí… Esto es muy doloroso…pero debo tomar una decisión.

CONCLUSIONES: cuando se sufre este tipo de maltrato que es más silencioso, enmascarado, al varón le cuesta más admitirlo, la mayoría no es capaz siquiera de verlo ni denunciarlo pues la vergüenza ante esta tragedia, se apodera de ellos. Este es un factor muy importante pues al hombre de pequeño se le pide fortaleza; y con falso machismo se les instruye “los hombres no lloran”. Admitir que está siendo agredido por su pareja se interpreta como señal de debilidad, que cuestiona su virilidad y masculinidad.

Por lo tanto, podemos decir que el maltrato doméstico al hombre sigue siendo un tema tabú, un tema que sorprende todavía a muchos y a muchas pues fundamentalmente angustia, desvitaliza o enferma.

Cuando se llega a estas instancias hay que tal vez dar un giro inesperado para poder volver a re-afirmarse y apoderarse nuevamente de la propia vida.


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