¿Qué hago con mi madrastra?


El mito de la madrastra o la nueva madre siempre ha estado cargado de miedo, dudas y terror. Es la bruja de los cuentos de hadas, la malvada de la historia de cenicienta y la protagonista de las novelas donde los hijos son maltratados y echados fuera de su hogar.

Esta es una figura nueva, en una familia ya vieja que llega a enamorar al pobre padre que se quedó viudo o divorciado. Un hombre que tiene que cuidar a sus hijos huérfanos, y creyendo que no tiene los recursos emocionales para ser buen padre y entonces anda en búsqueda de una nueva pareja que lo ayude a resolver el rol de la parentalidad con suficiencia y decoro. La Madrastra (del latín vulgar matrastra: segunda mujer del padre) es la nueva esposa de un padre que no es la madre de los hijos de aquél. La nueva familia es llamada hoy en día familia reconstituida o familia patchwork. En la antigüedad era usual que los chicos crecieran bajo la tutela de una madrastra debido a las altas tasas de defunción de las mujeres a la hora de dar luz y a la necesidad de una nueva persona que se encargue de los niños. Hoy en día, a raíz de la proliferación de los divorcios, y los nuevos estilos de familias, la importancia de la madrastra (y de una connotación positiva del término) ha aumentado también. La nueva mujer del padre no la tiene fácil tampoco. Ella ha sido elegida para continuar con un rol, con algo que alguien ya había comenzado, y con su responsable aceptación, estará siempre siendo comparada con alguien más, con otra que por estar ausente es fácil de idealizar, y de extrañar. Entonces, aunque sólo habrá una presente en realidad también estará presente en esa estructura familiar el recuerdo de la primera mujer y el conflicto del abandono que eso implica. Ya sea que la nueva madre logra incluirse en la nueva familia o no, la desconfianza y los conflictos de lealtad estarán presentes en todos los personajes, por lo que estar en estos escenarios requiere de mucha astucia, inteligencia y paciencia. ¿A quién le dará la razón la madrastra cuando haya un pleito? ¿Cómo podrá cuidar a niños que no son de ella y que, si fracasa, quizá le quiten el puesto? ¿Es posible separar el amor de la nueva pareja del rol de nueva madre? Y si ella tiene sus propios hijos, ¿sabrá hacer justicia? ¿Podrá superar todas las pruebas que le harán los hijos para aceptarla? ¿Estará ella lista para dejar su vida anterior y entregarse a los nuevos hijastros?

Una de las razones más comunes en los divorcios de segundas nupcias es el manejo tan difícil entre el amor maternal y el amor de la madrastra, entre el amor y odio entre hermanos y entre hermanastros, la ambivalencia hacia las nuevas figuras de autoridad, que se dan en estas estructuras y la culpa que los adultos puedan sentir por haber roto la primera familia. Hoy en día cada vez es más común encontrar mujeres dispuestas a hacer este rol, a ser amorosas con los hijos ajenos y con su nuevo marido lo cual permite una esperanza valiosa para los posibles cambios que la sociedad está sufriendo. Estoy segura que en poco tiempo el mito será del pasado y ser madrastra o tener madrastra será un honor.

*Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor.



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