Violencia en la pareja


Tener pareja o ser parte de una pareja es un gran honor, y una gran responsabilidad para cumplir con los compromisos que se proponen como equipo, ya sea que estos compromisos se hayan pactado de forma explícita o bien de forma implícita. Es decir hay acuerdos que se hablan y otros que se sostienen aunque no se dialoguen.


Dos personas que se aman, que desean estar juntas, se atreven a ser un conjunto. ¿Qué sucede que se transita del amor al desamor, de la unión a la violencia?


Se define violencia el uso intencional de la fuerza física o el poder real como amenaza contra una persona, grupo o comunidad que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, y de lesiones físicas, hasta la muerte.


Hay diferentes formas de expresar la violencia. Puede ser abierta y clara, o bien, silenciosa, puede ser activa o pasiva, ya sea directa o indirecta, y todas las formas generan evidente trauma en quién las recibe.


Los actos violentos se clasifican en: (a) quién o quienes ejecutan la violencia, (b) por el tipo de daños que causan, (c) por las características de las víctimas o (d) por el ámbito donde ocurren los hechos de violencia.


El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas de violencia directa.


La violencia en una relación de pareja se entiende por cualquier agresión física, psicológica, mental y sexual con el fin de dominar y mantener el control sobre la otra persona.


Cuando se ejerce la violencia, se queda una marca en una relación asimétrica con tintes sadomasoquistas que llega a enfermar a ambos cónyuges emocionalmente.


¿Cuáles son las causas de la violencia de pareja, que se pueden rastrear desde el noviazgo?

Las principales causas de la violencia que se identifican son: los celos, la falta de comunicación, el no saber que están siendo violentos y el haber crecido en un ambiente violento.

La percepción sobre estas causas varía significativamente según el sexo y la edad.

También se incluye la envidia, la competencia , la intolerancia, la exigencia , las frustraciones, las fantasías no cumplidas, las dudas, las rupturas en la comunicación cibernética, las redes sociales, los problemas financieros, la sexualidad, la infidelidad, los secretos y sus avatares son algunas de las causas que alteran el equilibrio de cada pareja. La respuesta violenta a estos problemas es un asunto de la personalidad mal ajustada o de patologías infantiles que requiere de atención tanto psicológica como legal y social.

Entonces hablemos en plural: las violencias, así tendremos más facilidad de identificarlas para estudiarlas y poder reconocerlas.

Incluso la violencia del silencio puede también ser nombrada y ponerla en la lista, y se refiere a esa experiencia donde la persona toma la decisión de agredir a otra con lo que llamamos “la ley del hielo”.

Esa la aprendimos desde pequeños, y era una de las formas comunes de someter y excluir a los amigos y cuates en la primaria. Y lo que bien se aprende y no se olvida se traslada al presente como parte intrínseca de la personalidad. Servía como ataque pero también como defensa.

Ese esclarecimiento también podrá llevarnos a definir el circuito de víctima -victimario que se vive continuamente en cada relación de pareja.

Reconocer los escenarios naturales del amor-desamor es una herramienta importante para los que nos dedicamos a la psicoterapia de pareja.


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