Convertirse en padre o madre y su impacto en la pareja.


Un bebé ocupa más espacio del que podemos imaginar...

Nadie nos enseña a ser padres, y son los hijos quienes nos colocan en ese lugar. Somos padre o madre porque alguien nos llama así, concediéndonos un lugar que determinará para siempre su vida y la nuestra.

Convertirse en padre consiste en renunciar a ser el centro de atención de nuestros propios padres, consiste, en haber superado la relación edípica que deja a los hijos prendidos de las figuras paternas en un lugar infantil que no les permite suplantar a sus progenitores y convertirse a su vez en padres. La mujer debe dar a su pareja el lugar que le corresponde como padre y éste por su parte, ocuparlo.

Hay un concepto que por sí mismo define y describe lo que conlleva este paso tan importante en la vida de un ser humano, dicho concepto es la parentalidad que significa el proceso psicológico de convertirse en padre o en madre de su hijo lo cual supone un trabajo que cada quien realiza en su interior.

La llegada del primer hijo pone a prueba la estabilidad psicológica de la pareja.

Los padres comienzan a serlo antes del nacimiento del hijo, las parejas que pronto se convertirán en padres normalmente preparan la llegada del bebé durante meses y cuando llega la hora de traer al nuevo miembro de la familia al hogar, los padres ya han tomado clases, han leído artículos, libros y han equipado la recámara del bebé completamente. No obstante, a pesar de todos estos preparativos, el cuidar de un bebé resulta una experiencia que rebasa a los padres y desde ahí, la relación de pareja está destinada a cambiar.

La llegada de ese hijo implica un cambio porque dejan de ser dos, y lo ideal es que cuiden ese espacio para apoyarse mutuamente en sus nuevas funciones, ya que probablemente no dormirán lo suficiente durante los primeros meses de vida de su bebé.

Al principio, puede que duerma solamente durante un par de horas a la vez, y cuando su pequeño se despierte, ustedes también lo harán y la consecuente privación de sueño puede hacer se tornen irritables porque tendrán menos energía y muy probablemente su capacidad de concentración disminuya.

También se darán cuenta de que tienen menos tiempo para trabajar, para ustedes en lo personal y menos tiempo para su pareja. En paralelo un bebé también puede desatar sentimientos de celos. Los cuales son naturales cuando la estructura de una familia cambia de una forma tan decisiva.

Las madres tienen sus propios retos a enfrentar. El embarazo cambia temporalmente el cuerpo al que habían estado acostumbradas anteriormente, lo previo puede hacer sentir a una mujer menos atractiva a los ojos de su pareja. Algunas madres también encuentran difícil integrar la imagen de madre con la de una mujer sexualmente activa, de ahí que puede disminuir su interés en la intimidad. La depresión post parto que experimentan algunas mujeres es un estado que también afecta la relación.

Otros problemas referentes a la relación pueden ser que usted y su pareja se den cuenta de que ambos tienen distintas perspectivas sobre cómo ser padres. Cuando los problemas no se tratan abiertamente, pueden surgir diferencias importantes, por ello, es importante dedicar tiempo para la comunicación. No perdamos de vista que a menudo, lo único que se requiere para resolver una mala interpretación es intentar ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.

Si algo nos molesta, debemos hacer el esfuerzo de comunicarlo a nuestra pareja, en el momento adecuado. Planear un momento para sentarse con su pareja una vez que hayan acostado al bebé. Una vez que ambos hayan conversado sobre lo que les molesta, cooperen juntos para resolver los conflictos creando soluciones que ambos puedan aceptar. Estén listos para negociar y llegar a un acuerdo.


Algunos tips que pueden ayudar para evitar estas situaciones son:

Por parte de la madre, una vez superada la depresión post parto, organizar tiempos y horarios y mejorar su estado de ánimo.

Entender que es una situación nueva para ambos, y que ninguno debe cargar con más trabajo que el otro.

Hay que involucrar a la pareja en los cuidados del bebé, bañarle darle de comer, etcétera. Si pretendemos ser la madre perfecta lo único que conseguiremos es que nuestra pareja se aísle y se sienta solo e ignorado, lo que puede despertar sentimientos de envidia o celos hacia el bebé.

Lo mismo durante el embarazo, hay que hacer partícipe a la pareja de todos los acontecimientos, los preparativos, etcétera.

Es muy importante encontrar un momento al día para dedicar a la pareja, y de este modo mantener un poco las cosas como eran antes.

No poner al niño como excusa para no salir de casa, o tener intimidad, con los años esta situación se vuelve irreversible y cuesta mucho recuperar un tiempo precioso de pareja a solas.

*Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor.





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