Doble crisis: la de mi hijo adolescente y con mi pareja.


La adolescencia es una etapa del desarrollo “difícil” y emocionalmente caótica para algunas familias porque se dan una serie de enfrentamientos entre los padres y los jóvenes. Los primeros desacuerdos con los adultos aparecen cuando los adolescentes comienzan a desarrollar sus puntos de vista y con frecuencia no son compartidos por sus padres y con otras figuras de autoridad. De ahí que si algunos padres no tienen la posibilidad de contener todos estos cambios posiblemente se sientan rechazados e incluso desplazados, y en cierta medida lo son.

Es importante tener en cuenta que la adolescencia es una etapa de duelo en donde el joven está dejando atrás la infancia para convertirse en un adulto joven lo cual tiene implicaciones importantes, es decir, por un lado es perder el cuerpo de niño o niña, es empezar a asumir más responsabilidades, es estar en una búsqueda constante de identidad y es caer en una conflictiva en la que por momentos aquellos juegos y actividades que antes le fascinaban ahora empiezan a ser poco atractivos; en paralelo empiezan a des idealizar a sus padres como aquellos modelos que todo lo podían y que eran capaces de resolver cualquier problema.

¿Por qué sucede esto? porque empiezan a observar con más agudeza las carencias que tienen, lo que deriva en una angustia inconsciente porque si no son sus padres los que puedan protegerlos de cualquier cosa ¿quién lo hará? Y es cuando empiezan a caer en cuenta que los responsables de empezar a darse esa contención asimismos son ellos.

Por ello resulta conveniente que los padres aprendan a manejar una línea de autoridad en la cual se manejen tres caminos en donde el primero esté determinado por decisiones en las que el adulto por su madurez y experiencia tome las riendas en algunos planos en los que el adolescente se pone en riesgo. El segundo un camino que se caracterice por la flexibilidad y la posibilidad de negociar o llegar a acuerdos, por ejemplo es muy común que un adolescente al salir a una fiesta quiera llegar a una hora que excede ciertos límites y que por poner un caso el desee que se le dé permiso hasta las 2 am y el padre considere que lo adecuado en a las 12am, se puede darle la oportunidad de negociar un punto medio y la llegada sea a la 1am haciéndole ver que si cumple con el acuerdo en otras ocasiones se podrá hacer algo parecido. Y por último un camino en el cual de acuerdo a su edad se le permita tomar sus decisiones y que se equivoque de vez en cuando para que pueda ir aprendiendo de la experiencia.

Desde mi punto de vista estos tres caminos le van dando al adolescente la posibilidad de ir madurando gradualmente, de hacerse responsable de sus decisiones y así irá adquiriendo la seguridad, la autonomía y la confianza necesarias para irse adentrando a un mundo demandante.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando sumado a la crisis del adolescente hay conflictos en la pareja tan fuertes que pueden derivar en un divorcio?, en primera instancia pueden llegar a sentir miedo, ansiedad, soledad o sentirse culpables en alguna medida y desde ahí padecer una depresión. Por ello resulta esencial que los padres eviten meter a sus hijos para mantener en cierta medida su estabilidad emocional y la mejor forma es teniendo claro que una cosa es el rol de pareja y otra el rol de padres, es decir, que no utilicen a los hijos de mensajeros y mucho menos como un recurso para lastimar a la pareja.

A manera de tips, si ante una situación muy difícil como puede ser una infidelidad y decides divorciarte, el explicarles a tus hijos qué es la separación y sus consecuencias, facilitar la relación de tu hijo con tu pareja, evitar buscar culpables y consolidar los lazos de amor con tus hijos pueden apoyar para que un proceso tan complejo y doloroso no tenga un impacto completamente negativo.

*Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor.

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