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Las mujeres tenemos derecho al ocio ¡sin culpa!

Actualizado: 18 sept 2023

Dra. Carolina Grajales Valdespino.

“Tiempo es lo que todos tenemos

Para intercambiar, y el tiempo es lo que

Mejor describe la vida de las mujeres”

Marilyn Waring (1994)


Usualmente, quien se hace cargo de las tareas domésticas como lavar los trastes y ropa, limpiar pisos, la crianza de infantes, atender a personas dependientes… por lo general son las mujeres, y en algunas regiones de México y el mundo, también les corresponde el cuidado de animales, huerto o granja, además de juntar leña o acarrear agua… todas esas tareas no son remuneradas ¿Qué le toca a cada quién? ¿Cómo anda la corresponsabilidad familiar?


Debido al ordenamiento social patriarcal de género que predomina actualmente, donde existe una división sexual del trabajo y confiere el poder de manera desigual por estar jerarquizado, se atribuyen a las mujeres los roles de madre, esposa y ama de casa, mientras que a los hombres se les asigna el papel de trabajador (fuera del hogar, claro), padre, jefe de familia, proveedor… roles que traspasan la esfera de lo privado para extenderse al espacio público, direccionándose así el camino o las posibilidades de éxito y fracaso en lo profesional.


No faltará quien piense que “eso era antes, ya todo cambió” y en cierta medida es cierto, se perciben cambios sustanciales en algunos espacios, sin embargo, existen muchos Méxicos por las diversas formas de interacción familiar y en la mayor parte de esos Méxicos se mantiene esta división tradicional en pleno siglo XXI.


Todavía podemos observar obstáculos reales que impiden a las familias aceptar equitativamente la responsabilidad del trabajo doméstico, obstáculos que incluso provienen de las propias mujeres a quienes se les ha entrenado socialmente para ocupar un papel de subordinación que ellas y la sociedad observan como “natural”, apegándose a un modelo de educación que va reproduciendo patrones similares en otros fenómenos sociales (Grajales V, Carolina; 2021: 23-24)


Al respecto, Pierre Bourdieu advierte la eficacia que tiene legitimar una relación al inscribirla en lo biológico como parte de una oposición binaria: “lo propio del hombre y lo propio de la mujer.” (2005: 50)


El trabajo del hogar se ha legitimado como una construcción social, biologizando lo “natural” de que las actividades domésticas les corresponden a las mujeres “por su naturaleza”. ¿Cómo llega a ser lo natural/biológico una construcción social aceptada? Al transmitirse tal asignación a través de las instituciones socializadoras como son: familias, escuela, iglesias, medios de información, leyes… que usan vías muy efectivas como canciones, juguetes, cuentos infantiles, películas, anuncios, … y lo peligroso es que termina siendo una verdad cómodamente aceptada por la población de todas las edades.


Las necesidades que satisface el trabajo doméstico son realizadas en el seno de las familias de forma gratuita “sin tomar la forma de valor. El trabajo en el hogar implica un tiempo socialmente necesario para crear valores de uso (bienes y servicios) que sirven en la reproducción de la fuerza de trabajo” (Dierckxsens, Wim; 1985: 35) y dejan listas a mujeres y hombres para asumir jornadas laborales y a las infancias para asistir a las escuelas.


De acuerdo con el INEGI, en 2021, el valor económico de las labores domésticas y de cuidados reportó un monto de 6.8 billones de pesos, lo que equivalió a 26.3% del Producto Interno Bruto nacional (PIB). Esto demuestra que esas actividades “invisibles” generan una contribución a la economía nacional superior a otras industrias muy reconocidas. Además, la OCDE señala que las mujeres dedican 52 horas al trabajo doméstico a la semana, por lo general sumado a un empleo, lo que revela que aportar ingresos a la economía familiar no las excluye de las tareas del hogar.


La Organización Internacional del Trabajo (OIT; 2016), señala que el 90 por ciento del trabajo del hogar en el mundo lo realizan mujeres, y en su mayor parte, al no estar incorporado a los mercados de trabajo, ni estar económicamente remunerado, no es reconocido como una ocupación, lo que lo hace invisible al no ser valorado, por más que en México se haya incorporado al PIB desde el año 2011.


¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación? Tomamos, con algunos cambios, las sugerencias plasmadas en un folleto del Instituto de las Mujeres del (antes llamado) Distrito Federal, señalando que “La democracia comienza en casa” En esta familia:


Somos iguales. Nos reconocemos como iguales mujeres, hombres, jóvenes e infancias y respetamos sus derechos.


Nos escuchamos. Damos atención a lo que dicen todas las personas que habitan la casa. Sus opiniones son importantes.


Participamos. En la toma de decisiones, en el gasto familiar, en las tareas en casa.


Nos ponemos de acuerdo. En todos los asuntos incluyendo los gastos prioritarios de la casa, horarios, normas.


Somos responsables. En nuestros trabajos, escuelas y con nuestras tareas en casa.


Nos cuidamos. Cuando padecemos alguna enfermedad o cuando pasamos por situaciones difíciles.


Resolvemos las diferencias. Buscando diálogo y consenso, sin aplicar violencias de ningún tipo, ni física, ni emocional, ni sexual, ni económica.


Nos respetamos. Aceptamos las amistades y parejas, las orientaciones sexuales, preferencias religiosas, políticas, deportivas, el apego a sus mascotas.


Nos amamos y nos divertimos. Jugamos, bromeamos, reímos y nos demostramos afecto compartiendo el tiempo y disfrutando nuestra compañía.


Si partimos de reconocer que, como familias y como humanidad somos diferentes y “el primer acuerdo es que no siempre estaremos de acuerdo” y desde ahí hemos de construir nuestras relaciones y si cada integrante del grupo hace lo que “le toca”, entonces las mujeres podrán disfrutar del ocio sin sentirse culpables y podremos vivir en armonía en un mundo predominantemente capitalista, donde la guerra es inherente al mismo, y al menos nuestro hogar podría ser una especie de oasis donde podamos empezar a construir la paz.



Referencias:


Dierckxsens, Wim (1985). Capitalismo y población: la reproducción de la fuerza de trabajo bajo el capital. Editorial Nuestro Tiempo. México.

Bourdieu, Pierre (2005). La dominación masculina. Anagrama.


Grajales Valdespino, Carolina (2021). “Trabajo doméstico: ¿Se transfiere su desvalorización al trabajo profesional femenino?” Vestigium. Apuntes universitarios. Revista multidisciplinaria de la Universidad Emiliano Zapa, 2,1, enero-junio 2021. (Pp. 20-31) https://www.unez.edu.mx/revistas/vestigium_2.pdf


INEGI (202). Cuenta satélite del trabajo no remunerado de los hogares en México 2021. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/CSTNRH/CSTNRH.pdf


Organización Internacional del Trabajo (2016). OIT: 90 por ciento de los trabajadores domésticos no tienen protección social

Waring, Marilyn (1994). Si las mujeres contaran. Una nueva economía feminista. Vindicación feminista. Madrid.

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